Carlos Fenoll, por Palmeral 2012

domingo, 19 de febrero de 2012

ORIOLANA


(Orihuela, con el río Segura a su paso por la ciudad, arriba el seminario de San Miguel. Foto del libro de Manuel Muñoz Hidalgo).


Su pelo es rubio tostado,
sus ojos como la noche,
y sus labios, cual el broche
de un clavel inmaculado.

Su cuerpo, digna pintura
de Rafael o Murillo;
y es su hablar claro y sencillo
como el rumor del Segura.

Cual la perfumada brisa
que en la noche se distiende
es su agarena sonrisa,

¡y hasta la tierra pretende,
cuando con sus pies la pisa,
cantarla, porque la enciende!


Carlos Fenoll, “Actualidad”, Orihuela, 2 de enero nº 97, 1930

Soneto con un canto lírico a su Orihuela natal. El semanario Actualidad, fue creado por jóvenes oriolanos era más política y social que literaria, su objetico era enfrentarse a los viejos caciquismos políticos y clericales, regenerando la vida social. El primer número salió el 25 de febrero de 1928, y el último el 26 de febrero de 1931, su director y propietario fue Alejandro Roca de Tagore, su redactor-jefe Tomás López Galindo. Carlos empezó a publicar gracias a Jesús Poveda, que nos lo cuenta de este modo:

"Don Tomás López Galindo. abogado y jefe mío en aquel despacho,publicaba el semanario de nombre Actualidad. Era yo el encargado de llevarle a la imprenta los originales de cada número. Me los daba bajo sobre; pero en el trayecto, lo abría, quitaba a un colaborador y ponía en su lugar un trabajo mío. Así es que impezó a aparecer mi nombre como poeta o prosista :n aquel semanario y, cuando ya me gané su confianza -después de algún que otro disgustillo-, hacía esta nisma faena y metía los versos de otro amigo que me había salido: el panadero y poeta Carlos Fenoll. Y así que como yo conocí a éste". (1975-p.30)

En Actualidad publicó Fenoll su primer poema "Canto al nuevo jardín oriolano". Llegó a publicar diecinueve composiones poéticas.
Colaboraban Abelardo Lorenzo Teruel, Carlos Fenoll, Jesús Poveda, Ramón Sijé, José María Sarabia, y Miguel Hernández con su poema "Horizontes de mayo" en el nº 117, de 22 de mayo 1930. (Datos de Juan José Sánchez Balaguer en su trabajo "La prensa oriolana en tiempos de Miguel Hernández").

sábado, 18 de febrero de 2012

Buscando la casa natal de Carlos Fenoll en calle San Juan de Orihuela


(Calle San Juan, foto antigua de Manuel Muñoz Hidalgo).


Carlos Fenoll nació en la señorial calle de San Juan s/n (Orihuela), al final de la "tapia del huerto" (según el poeta Joaquín Mas Nieves). La calle recibía el nombre del Monasterio de San Juan el Penintente, y adosado el convento de las Clarisas sito en la misma calle.
También aquí y en la misma calle y en la acera de enfrente nació, dos años antes, Miguel Hernández Gilabert. La calle se san Juan se llamo hoy Antonio Pinies, marques de Linde (Antonio Pinies Roca de Togore). Podría muy bien llamarse calle de los poetas.
En el video podemos ver la busqueda realizada por el director de este portal el 17 de febrereo de 2012. Año del centenario del nacimiento de Carlos.




A la calle de San Juan de Orihuela


Calle santa y bendita

¡Belén esculpido en el cielo!
Aquí nacieron dos poetas universales
dos almas atravesadas por furias
de paz y de guerra: dolor crónico de los hombres.

Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.


San Juan el patrón de dos motores de poemas
nacidos el mismo cordón umbilical de la poesía
hermanos de sangre y de monjas Clarisas
cual volcán sagrado detenido en el tiempo.

Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.


Dos poetas, dos almas:
Carlos Fenoll & Miguel Hernández
Inmortales
ungidos
santificados
desgarrados el león de San Juan
y es vuestra calle como la mía del Cristo solo.

Cogidos por el espacio y el combate
uno con el alma encadenada
el otro con el viento del pueblo de la guerra;
Ambos con silbos se quedaron aquí para siempre
en cada piedra de sillares monásticos.

Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero…


Desde hoy vuestra calle es la mía.

Ramón Palmeral, 18 de febrero 2012

Calle del Molino, ayer y hoy




Calle del Molino (Orihuela) foto antigua edición Alonso y moderna. A la izquierda hay un callejón estrecho que comunica con la calle de Arriba. Paisajes urbanos de Carlos Fenoll.

Antología de poemas de Carlos en la revista "Verbo", nº 30 de abril de 1956





TEXTO
CARLOS FENOLL FELICES, nació en Orihuela el día 7 de agosto de 1912.
Desde muy niño despertó a la vocación literaria, y a los 16 años de su vida publicó sus primeros versos en un semanario local llamado «Actualidad». Desde entonces, colabora en casi todas las publicaciones oriolanas. Por los años 32-34, funda una revistas quincenal titulada "Destellos", donde colabora Miguel Hernández y Ramón Sijé. (1)

En el año 1936 —muerto Ramón Sijé y ausente Miguel Hernández— Fenoll funda y dirige «Silbo», cuyo primer número aparece en junio de aquel año, y el segundo y último, en julio (sic) [junio] del mismo. Entre estos dos números, publicó un opúsculo en colaboración con Justino Marín («Gabriel Sijé») y Jesús Poveda ["Poemas"].

La poesía de Carlos Fenoll se distingue por una fuerza emotiva y trascendente y una pureza lírica conmovedora. Poeta esencialmente intuitivo, incurre _-a veces— en ciertas irregularidades, que salva pronto con su aliento creador. Los poemas que reproducimos aquí, están publicados en «Silbo», «Intimidad poética» y «Verbo», y están escritos hace más de quince años. La mejor demostración de su calidad, es que no han perdido vigencia.

1)La revista quincenal "Destellos" la fundaron José María Ballesteros y Ramón Sijé (se publicó del 15-11-30 al 15-05-31), Carlos figura como redactor, colaboró en tres números. Anteriormente también aparece como redactor-jefe en la revista "Voluntad" (publicado del 15 de marzo 1930- al 30 de agosto de 1930) directores Ramón Sijé con Jesús Poveda -los primeso 3 números-, le sustituyó Manuel Martínez Fabregat.

..................Nota........
En la revista alicantina "Verbo", nº 30 de abril de 1956, que dirigían José Albi, Joan Fuster y Manuel Molina, aparece una antología de seis poemas de Fenoll, que son:
Primer hijo. Ángel. A la mujer alicantina. La hora [maldita]. Nuestro amor. Senda del amor, sola,



(Archivo de Gaspar Peral Baeza)

viernes, 17 de febrero de 2012

GABRIEL MIRÓ en tres poemas de Carlos Fenoll.

GABRIEL MIRÓ, en su obra "Las cerezas del cementerio".


¡Le he visto! ¡Le he visto! Surgió de la entraña
fragante, gloriosa, del lírico texto.
Subía solemne, ante mí, su figura,
cual nube de oro, cual nube de incienso...

Cantaban a gloria unos ángeles rubios;
los ángeles suyos, los ángeles bellos
que él viera un día, en torno a su mesa,
bajar a sus libros —jazmines inmensos—.

¡Le he visto! ¡Le he visto! Tenía una mano,
cual muerta azucena, dormida en su pecho.
Firmeza de roca de mar levantino
tenían sus ojos y azul de los cielos...

¡Le he visto! ¡Le he visto!... ¡Vivía, vivía!
Allá en la cumbrera bebíase el viento;
gustaba el perfume de ariscos matujos,
tomillos y flores; sabinas, romeros...
¡islaba su alma ! Su alma era aquella
sumida en tristezas, en éxtasis bellos,
con gozos de infancia, herida y fragante,
do brotan canciones, ternuras y besos.

¡Miró resucita!, se alza, solemne,
cual dios, en su tumba que cubren cerezos...
¡Le he visto! ¡Le he visto! Surgió de la entraña
fragante, gloriosa, del lírico texto.
Firmeza de roca de mar levantino
tenían sus ojos, y azul de los cielos...

Carlos Fenoll, El Pueblo de Orihuela, 30 de septiembre, nº 153, 1930

Tres poemas a Gabriel Miró
Gabriel Miró Ferrer falleció en Madrid el 27 de mayo de 1930. Carlos publica este poema como homenaje al maestro de la prosa, vinculado a Orihuela de cuando fue estudiante en el Colegio de Santo Domingo y familiarmente, puesto que su madre Encarnación Ferrer era natural de Orihuela. Además Carlos escribió una "Elegía a Gabriel Miró", publicado en Juventud Mariana, Orihuela, septiembre 1948; y "Recordando a Gabriel Miró" (en el XIX aniversario de su muerte) "Ifach", Alicante 1949.

Carlos había leído las obras del prosista alicantino y en algunos poemas vemos su influencias y su nueva estética, se le considera impulsor de la llamada "La generación oriolana del 30", descubierta, expuesta y comentada por Vicente Ramos en 1965 "Literatura Alicantina".
Fenoll no aparece en los trabajos publicados en el número especial El clamor de la verdad, "Cuaderno de Oleza consagrado al poeta Gabriel Miró", título tomado de un diario apócrifo del que se hace referencia en El obispo leproso, en homenaje a Gabriel Miró en Orihuela el 2 de octubre de 1932.

Y no hay constancia documental que estuviera presente en los actos organizados por Ramón Sijé y gestados en la tertulia del Hotel Palace donde se reunían Juan Bellod Salmerón, Mariano Cremades, Tomás López Galindo, Plácido Gilabert, Augusto Pescador, José Olmedo y Alfredo Serna.
Fenoll no aparece documentalmente en estos actos. Suponemos que, el poema Súplica, de 1932, con la dedicatoria "A Ramón Sijé al empezar mi senda" (no publicado hasta 1978) tiene un tono de súplica y enfado, tras conocer la publicación de El clamor de la verdad, donde no se ha contado con él, sí en cambio, sí contó con Miguel Hernández y los amigos de Cartagena: Antonio Oliver, Carmen Conde, María Cegarra y Raimundo de los Reyes.

En "Súplica", apreciamos el enfado de Carlos cuando le dice en tono lírico, más o menos a Sijé: "parece mentira que tú, hermano sentimental, no consientas que yo, enfermo de ilusiones, caiga, roto y sin fe, en mi primer camino, dame tu mano, tu fe, y tu luz..." El entrecomillado es mío.


"EL CLAMOR DE LA VERDAD"

 
El Clamor de la Verdad llevaba como subtítulo “Cuaderno de Oleza consagrado al poeta Gabriel Miró”, y en su portada una fotografía del homenajeado.

En sus doce páginas, impresas en la Escuela Tipográfica de la Beneficiencia de Orihuela, de tamaño 31´8 x 21´8 cms., a dos columnas y con algunas fotografías de la ciudad, se publicaron artículos en prosa de Antonio Oliver Belmás (“El cuerpo derruido”); Miguel Hernández (“Limón,” “Yo. La madre mía”); Julio Bernácer (“Estampa mironiana”);Ramón Sijé (“Geografía de un claustro”), El Anti Alba-Longa (“Gabriel, arcángel”) y Raimundo de los Reyes (“Orihuela, principio y término de Sigüenza”), además del ya citado Ballesteros, y poemas de María Cegarra, Carmen Conde, Carlos Martínez Barbeito y José María Ballesteros, y una fotografía del busto de Miró, obra del escultor murciano José Seiquer Zanón, premiado por la comisión encargada del Homenaje a Miró, así como una “Estafeta de El Clamor de la Verdad”, donde se agradecía a varias personalidades de la vida literaria y política nacional- desde Altamira a Azorín, desde Gregorio Marañón a Giménez Caballero- su colaboración en el Homenaje.


Las palabras de Gabriel Miró, que prendieron muy pronto en Ramón Sijé, en Miguel Hernández y Carlos Fenoll, los cuales proclamaron esa ascendencia siempre que tuvieron ocasión. De ellos, fluyó esa savia hasta contaminar a los hermanos Fenoll, a Gabriel Sijé (hermano de Ramón), y a él mismo. Todos tendrán como referencia la palabra de Miró, al que, como dijo Salvador Rueda, sentirán como "símbolo y voz literaria de Alicante, no sólo en España, sino en el mundo".

jueves, 16 de febrero de 2012

De cómo Carlos Fenoll descubrió al poeta Miguel Hernández


(Casa del Pueblo de Orihuela)

Se cuenta, se dice, que Carlos y Miguel Hernández se conocieron sobre mediados de 1928 tomando libros prestados en la Casa del Pueblo de Orihuela en calle San Pascual. En cambio el propio Carlos dijo en 1972 a Moreiro que se lo presentó su hermana Josefina, porque ambos se conocían de particpar en teatro, y Miguel quiso conocerlo.
Sea como sea, este primer encuentro literario o dramatizado, puesto que se debían haber visto en la calle -nacieron en la misma y vivían en la de Arriba- fue Carlos quien cede un espacio a Miguel en El Pueblo de Orihuela, donde hacia labores de publicista, leamos la docta opinión de un especialista en prensa oriolana como es Juan José Sánchez Balaguer: *

EL PUEBLO DE ORIHUELA

Fue Carlos Fenoll quien introdujo a Miguel Hernández en el semanario El Pueblo de Orihuela, anunciándolo con unos versos dos semanas antes de que el 13 de enero de 1930 apareciera "Pastoril", primer poema hernandiano publicado en la prensa, cuando Miguel Hernández contaba 19 años. El poema figura dentro de la sección "Colaboración espontánea", en las columnas 3 y 4 de la segunda página del número 99 de la publicación que acogería la mayor parte de las creaciones de la primera época del joven poeta. Al final de los trece cuartetos de los que consta este poema aparece la firma de Miguel Hernández y la fecha y lugar donde lo escribió: "En la huerta, 30 de diciembre de 1929", como si el joven escritor quisiera dejar constancia, firmada y datada, de su entrada pública en el mundo poético. Como se ha adelantado, unos días antes, su amigo y compañero de tertulia de la tahona, Fenoll, publica en el mismo semanario el poema "La Sonata pastoril", dedicado a Miguel Hernández, "el pastor que en la paz y el silencio de la hermosa y fecunda huerta oriolana, canta las estrofas que le inspira su propio corazón".

El profesor José María Balcells1 recrea así la escena en que Carlos Fenoll y Miguel Hernández celebran la aparición de su primer poema en El Pueblo de Orihuela-:

Miguel torna un día inquieto de la huerta. Viene pensativo, como distante, quizás reflexionando una corona de futuros poemas. Carlos, desde lejos, alza una mano y agita el semanario. El poeta se detiene, parece ingrávido unos segundos, pero enseguida inquiere con sus gestos si aquellos papeles le deparan su mejor sorpresa. Que así es, le grita la llamada febril del compañero. Hernández se dispara como del rayo y arrebata con impaciencia la publicación de las manos de Carlos. Pero antes de abrirlo, pregunta si su nombre va también... No lee, mira y remira sin sosiego, contempla su nombre y apellido al pie de la composición, y con gran seriedad, sin ironía alguna, palmea a Fenoll para exclamar: ¡Somos grandes! ¡Llegaremos lejos!...

Este semanario aparecía los lunes e inició su andadura bajo la responsabilidad de Antonio lllán y con Juan Pertusa como redactor. Contó en su segunda época con la importante aportación ideológica del canónigo de la Catedral de Orihuela y vicario general de la diócesis, Luis Almarcha, director de facto de la publicación y garantía de la subsistencia del semanario al contar con el respaldo de la Federación de Sindicatos Católicos de Orihuela, y su Caja Rural Central. La vecindad del canónigo con la casa familiar de Miguel Hernández propició una estrecha relación entre ambos que fructificaría en una amistad de gran utilidad para los inicios literarios del poeta. El propio Almarcha recuerda estos primeros apoyos:
Le animé a escribir poesías para El Pueblo, semanario oriolano en el que yo colaboraba. Allí publicó sus primeras poesías. Conservo las tres primeras, firmadas "En la huerta": "Pastoril", en 30 de octubre de 1929, que aparece en las columnas 3 y 4 de la página 2; "¡En mi barraquica!", 15 de enero de 1930; y "¡Marzo viene!", en 25 de enero del mismo año. Siguió publicando en Pueblo diversas poesías.

Efectivamente, Miguel Hernández continuó colaborando con El Pueblo de Orihuela en distintas ocasiones….

1) Miguel Hernández, corazón desmesurado, Barcelona, Editorial Dirosa, 1975, p.22.

*Juan José Sanchez Balaguer periodista y director de la Fundación Cultural Miguel Hernández. Es autor de "Prensa oriolana en tiempos de Miguel Hernández", publicado en "La Orihuela de Miguel Hernández 1910-1912" pp. 93-122

ESTUDIOS SOBRE LA OBRA POÉTICA DE CARLOS FENOLL

Por Ramón Fernández Palmeral

El primero de los estudiosos de la obra fenoliana fue Manuel Molina; sin embargo, uno de los trabajos más destados fue el Vicente Ramos Pérez en su libro “Literatura Alicantina”, Diputación de Alicante, Alfaguara, Madrid-Barcelona, 1965, en las páginas 266-271, más otras obras posteriores que publicó este autor en otros libros y publicaciones, Vicente Ramos comenta:




“En su adolescencia [Carlos Fenoll], ducho en lecturas y algo práctico ya en la dulce forja del verso, el poeta-panadero y su tahona se transformó en núcleo y morada de una tertulia histórica: la de la Generación oriolana de 1930. Allí, Ramón Sijé —atraído amorosamente hacia Josefina, hermana de Carlos—, Miguel Hernández, Gabriel Sijé, Manuel Molina, Jesús Poveda, Efrén y Carlos Fenoll... Amistad, lecturas, ilusiones... «Carlos Fenoll —testimonia Molina— es un amigo generoso y reparte sus libros, su pan y aceite y hasta su dinero con todos. Se trabaja en la panadería de Carlos, se habla, se comentan libros, se recita, se representa teatro en serio y en broma. Se sueña ya con levantarle un trono al Visenterre».
Con tales antecedentes, bien se puede colegir sin miedo alguno que la dirección poética que había de seguir el lírico-panadero iba a ser sustancialmente la misma que la del poeta-pastor y, en general, la estética de todo el grupo, que, por aquel entonces, cifrábase en la poesía realista popular, el modernismo y Gabriel Miró. Y, al igual que Ramón Sijé o que Hernández, Fenoll también nos ha dejado en verso su admirativo amor al autor de El Obispo leproso, vivo «en el sitio recóndito del alma que el recuerdo apetece».
Pero Carlos cayó también en el vértigo y furiosa precipitación de los tiempos. El fallecimiento de Ramón Sijé, primero; la guerra civil, a continuación, y la muerte de Miguel Hernández, por término, señalan una dolorosa ruta, recorrida con estupefacción, amargura y luto en el alma. A partir de 1942, Carlos Fenoll deja de ser el poeta primaveral, rico de júbilo y alegría. De donde, la trayectoria lírica de este finísimo, exquisito escritor olecense ha ido desde lo rural y pintoresco, costumbrista casi, a lo grave y hondo de la infinita nostalgia.
Sus primeros versos quedaron engarzados en el aire o en las flores de los balcones. Eran, al decir de Molina, «poemas pletóricos de humanidad y de vida». De los años creadores de la tertulia en la tahona, conservamos algunas composiciones, llenas de gracia juvenil :
¡ Salve, primavera de mis sueños de oro
que arrancas de mi pecho el clave sonoro
de una prolongada y lírica canción!

Vicente Ramos en el primo en bautizar a cuatro poeta oriolanos: Ramón Sijé, Gabriel Sijé, Carlos Fenoll y a Miguel Hernández, como “La Generación olecense del 30” dígito que tomó por el año de la muerte de Gabriel Miró.

……………................
El libro de Vicente Ramos sirvió de guía para el libro “Antología de Escritores Oriolanos”, de José Guillén García y José Muñoz Garrigós, Ayuntamiento de Orihuela, 1974, pp 179-192, donde se hace una amplia biografía y se amplia la bibliografía y los estudios realizados hasta entonces, ecriben:



"Las primeras composiciones, las que comienzan a aparecer en las publicaciones oriolanas a las que antes nos hemos referido, están signadas por su condición de ruiseñor trovero, la que le viene por la habilidad repentizadora del padre, pero también por las lecturas de sus años adolescentes. El punto de partida es idéntico al del primer Hernández: temática popular, lenguaje sencillo y sin pretensiones, elocución descriptiva y a veces narrativa, formas apostróficas ocasionales, tributo aislado a la poesía de circunstancias y metros y estrofas tradicionales. La ciudad y la huerta, la gente del pueblo, los objetos y los acontecimientos del mundo circundante, proporcionan a Carlos Fenoll un caudal inagotable de inspiración. También la gracia femenina, el amor juvenil, y las costumbres entrañables, y la belleza en cualquiera de sus manifestaciones. El carnaval, la merienda de la pascua de monas, los encantos de la mujer oriolana, la canción de la vida en sus mil aspectos diferentes, aparecen bañados por una luz meridiana de clara, jovial y sencilla alegría. En ocasiones, los temas graves, melancólicos e incluso tristes asoman a la búsqueda momentánea de tonos serios o emotivos; pero, enseguida, el verso de Fenoll regresa con premura al venero de la alacridad. Están presentes aún modelos que alcanzaron un día el favor del público y que, a través de los años, permanecen vigentes, al margen de su mayor o menor calidad: Bécquer y algún otro romántico, Campoamor y su pequeña corte de «poetas-filósofos», los regionalistas, con Gabriel y Galán al frente y Vicente Medina también en vanguardia. Pero siempre —no se olvide esto— en su expresividad más sencilla, en su veta más popular. Después, Carlos Fenoll, como su amigo Miguel, abriría las ventanas a otros aires más novedosos, aunque estos le penetraran con un retraso considerable. Pero en los ambientes provincianos, Rubén Darío y sus secuaces constituían novedad, cuando en el horno-tahona de la calle de Arriba alumbraba sus primeros destello el grupo oriolano de 1930. Suponemos que la poesía de Juan San- sano tuvo mucho que ver en estos escarceos, y, muy especialmente, la sombra luminosa de Gabriel Miró, a quien aquellos jóvenes escogieron como guía. Sin embargo, la influencia del Modernismo en Carlos Fenoll nunca fue demasiado intensa y, más que en el espíritu y en el lenguaje, la encontramos en el intento de buscar nuevos ritmos y esquemas que se adecuaran mejor al clima de la expresión lírica. En cualquier caso, siempre debió de preferir a los modernistas de corte más popular, como Manuel Machado y Emilio Carrere, aunque alguna vez se acercara a Salvador Rueda, a Villaespesa y al mismo nicaragüense [Rubén Darío]”.


………………
El poeta y escritor Manuel Molina Rodríguez que fue sin duda el primero de los estudiosos fenolianos, con “Espíritu y carne de un poeta Carlos Fenoll”, Verbo, 1946, publicó uno de los libros básicos sobre este poeta “Canto Encadenado”, Instituto de Estudios Alicantinos, 1978, donde además opina sobre la composición y estética de Carlos:



“La segunda etapa de la poesía de Carlos Fenoll se inicia a mediados del año 1936, con la fundación de la revista Silbo, que supuso un renacimiento espiritual y una afirmación del poeta. En este tiempo, Carlos Fenoll, alcanza la juventud plena y un conocimiento más profundo de la poesía. Deja, momentáneamente, de lado, su alegre canción juvenil, la rima fácil y cantarina, el motivo trivial, anecdótico y circunstancial, y se busca y se encuentra con las entretelas del lirismo más vivo y personal. Han llegado a sus manos, a sus ojos, ávidos entonces, los versos de Juan Ramón Jiménez y de Antonio Machado, y algunas muestras de Rafael Alberti, de Federico García Lorca y de Vicente Aleixandre.
El tema predilecto de ahora, de aquel presente del poeta, es el amor. Y sus nuevos madrigales tienen un sabor, una gracia lírica de extraordinaria fuerza y armonía, una andadura metafórica original. Son de señalar los poemas de esta etapa titulados. «Primer hijo», «Angel» y «Quise que mi vida fuera», de calidad comparable a la buena poesía de aquel tiempo.
Ejemplos como estos, «Hace el barro esta labor / suave y fragan¬te, de cera? —y de— «nace este bello rubor / de concha marina y flor / de cielo de primavera?, dan la talla de un poeta, que, por otra parte no desdeña nunca el lenguaje del pueblo cuando dice: «¿De una semilla grosera / Dulce fruto, compañera;/ dulce hijo, tierno amor».
Palabras de uso común son éstas y frases familiares las que emplea el poeta oriolano para comunicarnos su gran emoción ante la paternidad.
Si tenemos en cuenta la revolución estética iniciada por Bécquer y culminada con Luis Cernuda, no podemos dejar de considerar que este poema está en la línea de los escritos por los grandes maestros de la lírica castellana...
Puede considerarse este poema como la culminación de esta etapa intermedia, como la cima lírica de su juventud creadora. La cas¬cada cálida de su oración, con la fluida música de su verbo, rubrica, con este esplendoroso final, el alegre sueño de su vida, y es ahora, un poco después, cuando la realidad comienza a adentrársele en el corazón. La humilde fiesta de su existencia cotidiana, nido de risas ninas e inocentes, nudo de amistad fraterna, se rompen al contacto de las malas pasiones de su ámbito, y las dificultades materiales, y la miseria moral de aquellos días, junto con un trabajo negro de tan rojo, de tan sudado y frío, lo ahogan.
Ahora es la hora de su hora, de «La hora maldita», y sobre todo de su poema clave, de «El canto encadenado», título de la vida de un hombre, de una vida y una obra. Una obra, si breve, si vacilante, si esporádica y contradictoria —como bien había visto su amigo Kamon Sijé, allá por sus principios—, tiene indudables méritos para figurar junto a la de sus amigos de Orihuela”.

………............................

La profesora Ana M. Reig Sempere, en un trabajo de licenciatura publicó “La Generación del 30 en Orihuela”, Instituto de Estudios Alicantinos”, nº68, de 1981, pp. 97-111, donde introduce fechas y etapas, se considera deudora de Vicente Ramos. Autora del tipo fantasma-profesor/a, que son de las que publican una tesis, para su licenciatura y luego desaparecen del marco literario, y si te he visto no me acuerdo, extraigo algunos elementos de interés:




“Obra y evolución poética de Carlos Fenoll”

Como todo poeta sincero, como todos los poetas de la Generación del 30, el desarrollo de la obra poética de Carlos Fenoll, transcurre en paralelo a las vicisitudes de su vida. La evolución que experimenta es muy importante, y responde, en cada una de sus fases, a los acontecimientos vitales del poeta. Veamos las etapas más im¬portantes de su producción poética.

a) De 1929 a 1936. 1.a Etapa
En esta primera etapa, sus poemas reflejan la alegría de una vida joven, sana y sencilla. Estos años debieron ser felices y amables para el poeta, viendo "la frescura y alegría que rezuman sus composiciones" .
Sus inicios son los mismos que los de Miguel Hernández: aprenden en la calle y en el campo, de la Naturaleza y de las gentes; se inspiran en el mundo circundante: la huerta, la ciudad, sus habitantes y sus costumbres; sus temas son, "La merienda de la pascua de monas de San Miguel, la feria de agosto, el madrigal ardiente de sencillo carácter popular y otros muchos temas del ambiente circundante". También es objeto de su poesía la mujer, el amor sencillo y juvenil, y la belleza en cualquier manifestación, irradiando todo una clara y primitiva alegría de vivir.

b) De 1936 a 1943. 2.a Etapa
Las nuevas lecturas —Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado—, la influencia de sus amigos de la tahona y su propia inquietud lo llevan a la búsqueda de "una voz más honda, más completa, más lírica" . La muerte de Ramón Sijé marca el paso definitivo. Su expresión se interioriza y la perspectiva se hace distinta. Es la época de "Silbo", que supuso "un renacimiento espiritual y una afirmación del poeta" , en la que el mismo Fenoll advierte el cambio experi¬mentado en su alma:
"A esta vida interior que se apresura / como un torrente o como ala o rueda, / no hay vida de otra hechura que la exceda / en tropiezos de pena y amargura" .
Pero Carlos encuentra el amor de su esposa y la satisfacción de unos hijos, que son "los motivos principales de este renacer poético, aunque también la vida y la belleza son temas que continúan vigentes, si bien con una distinta dimensión"... "Se advierte mayor selección y novedad, y junto a los esquemas tradicionales, aparece la li¬bertad métrica. Todo ello sin merma de la fragancia, la inspiración y el encanto de los orígenes"... "Un lirismo de buena ley imanta el ritmo de la cadena fónica" .

c) De 1943 a 1972. 3.a Etapa.
La recién terminada guerra, con su secuela de penalidades y las obligaciones familiares que le sujetan a una responsabilidad de subsistencia más apremiante, hacen que sus poemas se espacien cada vez más. Pero es la muerte de Miguel, la increíble e innecesaria muerte de Miguel, lo que provoca el cambio más radical en su poesía, que refleja los sombríos tonos de su alma. Su voz ahora "se hace más profunda y trascendental y se tiñe de una tristeza sin consuelo". De 1943, es su poema, "Nuestro amor", soneto inspira¬do en el amor a su esposa, donde los cuartetos ofrecen el aspecto positivo —"flores", "luz", "mundo nuevo"— y los tercetos, el as¬pecto negativo —"realidad triste", "fuerza destructora"— con el fin de resaltar la fuerza de su amor que vence a los elementos negativos.
"Recuerdo, esposa, que era Primavera — aunque fue en el rigor del viejo invierno — cuando en tu alma y en la mía lo más tierno dio sus flores de amor por vez primera"


Consideración final de Reig Semperes:

El resumen de su trayectoria poética nos lo da Vicente Ramos, en su libro "Literatura Alicantina": "A partir de 1942, Carlos Fenoll deja de ser el poeta primaveral, rico de júbilo y alegría. De donde, la trayectoria lírica de este finísimo, exquisito escritor olecense ha ido desde lo rural y pintoresco, costumbrista casi, a lo grave y hondo de la infinita nostalgia" .
Sus amigos, tal vez dolidos, o lamentando que no lograra sobreponerse a su abatimiento y escribiera más, hacen estas observaciones: "Teniendo en cuenta que Carlos Fenoll era un apático, un ser dominado por la desgana, dominado por el sentido de la obligación familiar, por el presentimiento de la impotencia creadora, por la conciencia excesiva de su falta de cultura, por la depresión angustio¬sa... su poesía personal fue breve e irregular, intermitente e intensa" . O como había dicho Jesús Poveda, poco antes: "Carlos Fenoll nació para escritor y poeta, y de los buenos, y se quedó en panadero. Su enfermedad incurable, la desgana y la indolencia más absurda, se interpusieron siempre en su camino. Y ello, y no otra cosa fue su mala suerte, que le torció su destino" .

…………..
Por último recogemos la clasificación que realizó para otro tesis de licenciatura la profesora María Dolores García Selma, “Carlos Fenoll: vida y obra”, Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, 2000, 150 páginas, donde clasificó la bibliografía por orden cronológico, amplió los estudios sobre el poeta e hizo una antología con treinta poemas. Su referente fue Manuel Molina, recopilo la clasificación:




“Clasificación"
La producción poética de Carlos Fenoll podría organizarse en tres etapas que, atendiendo a criterios temáticos y estilísticos, se definen a grandes rasgos del siguiente modo:
1.-Primera etapa o período de adolescencia: comprende las composiciones escritas por Fenoll entre 1928 y 1935. Dentro de ella hay que destacar la abundancia de textos que se observa entre los años 1929 y 1932, y en especial en 1930, posiblemente como consecuencia del impulso inicial de las tertulias. Las principales características de esta primera época son:

a) La inspiración en motivos populares: la tierra, las gentes, la vida cotidiana y sus costumbres. La mujer y el amor son los temas que organizan este popularismo inicial de Fenoll.
b) La facilidad creadora, la abundancia de textos y la ausencia de una autocrítica depuradora: el verso surge espontáneamente, a menudo sin originalidad apreciable. Desde el punto de vista formal, el desarrollo poético de los temas escogidos presenta dos vertientes. La primera de ellas se basa en las lecturas románticas y modernistas de Fenoll y se define casi exclusivamente por ser pura y simple imitación de estilos. La segunda, inspirada en la poesía regionalista de Medina y Gabriel y Galán, viene determinada por la sencillez del lenguaje, que acoge incluso coloquialismos y prosaísmos.
c) El empleo de toda clase de metros y estrofas, desde las formas más tradicionales hasta las novedades que introdujeron los modernistas.
a)Segunda etapa o período de interiorización: se extiende desde 1936 hasta 1942 y los rasgos que la definen son:
b)Tendencia al intimismo, tanto en la elección de los temas como en su desarrollo poético.
c)Pervivencia de algunos de los temas de la primera época, aunque interpretados ahora con una voz nueva, más profunda y lírica, menos popular.
d)Perfeccionamiento de metros y estrofas dentro de unos gustos igualmente clásicos.
e)Tercera etapa o período de madurez: recoge este apartado las últimas y escasas composiciones escritas por Carlos Fenoll entre 1943 y 1972, año de su muerte. No obstante, la fecha de 1972 es un tanto artificial, puesto que Fenoll interrumpe su actividad poética casi por completo desde 1947. Cuatro datos resumen esta última época:
a) El ejercicio poético como desahogo espiritual.
d) La profundización en lo religioso y el amor como temas predo¬minantes.
e) La ausencia de artificio formal.
f) El retorno a la métrica más tradicional, sobre todo por el uso casi exclusivo de dos estrofas: el soneto y el romance.
De estas tres etapas, sólo la segunda y la tercera ofrecen un verdadero interés literario. La mayoría de las composiciones de adolescencia tienen un valor documental. No obstante, hay que acudir a ellas como complemento que son de la verdadera obra literaria de Carlos Fenoll, por ser el punto de referencia desde el que se pueden apreciar los avances de este escritor en momentos posteriores. Son, en definitiva, su escuela de aprendizaje”.


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MIS CONCLUSIONES.- Si bien es cierto que contamos con algunos estudios de una obra breve, pero intensa, como la de Carlos Fenoll, nos queda: primero recopilar todas sus obras poéticas y sy epistolario; segundo acceder a sus dispersos manuscritos (en poder de algunos que creen tener en su poder el oro y el moro) con objeto de poder estudiarla desde el punto de vista epistemológico, grafológico y sobre todo el sistema de creación poética. Estoy seguro que este I Centenario de su nacimiento no será posible, no obstante con este blog, entiendo sembramos las semillas par que florecerá en futuras tesis doctorales nacionales e internacionales como para algún día disponer de sus Obras Completas.


Recopilaciones de textos realizados por Ramón Fernández Palmeral, Alicante 16 de febrero 2012

miércoles, 15 de febrero de 2012

Entrevista en 1972 a Carlos Fenoll por el periodista José María Moreiro

Esta entrevista es la única que concedio Carlos en el mismo años de su muerte, en 1972. Desconcemos y el periodista grabó la conversación o se limitó a tomar notas. De existir este documento sonoro sería el único del que disponemos.

Por José María Moreiro *


Carlos Fenoll, el panadero

Un buen día, la suerte nos llevó a una de esas calles barcelonesas, sombreadas, estrechas y sucias, que conforman el laberíntico cinturón del barrio chino[Calle Aurora nº 7, 1.1º dch]. Allí vivía, casi desde el año 1947, rodeado de una pobreza digna, hundido en el anonimato, siempre ganándose el pan con el pan, el panadero oriolano que fuera el mejor amigo de Miguel Hernández, aunque la elegía pueda hacernos suponer hoy otra cosa. En la vieja tahona que Carlos Fenoll regentaba en Orihuela dijo Miguel Hernández sus primeros versos cuando, por las tardes, abandonaba el hato de cabras. A ella volvería, la víspera de su definitiva detención, a abrazar a su amigo Carlos. La amistad entre ambos queda testimoniada en cientos de cartas, muchas de las cuales hoy han desaparecido. Luego sobrevendría la muerte de Miguel y Carlos Fenoll, bajo el efecto de aquel terrible mazazo, quemó cartas, abandonó el verso, malvendió cuanto tenía y fue a refugiarse, con los suyos, en una barraca de Montjuich (1) hasta que, al fin, pudo alquilar una humilde vivienda en la calle de la Aurora, donde viviría ya hasta su muerte [31 de diciembre 1972, de un infarto mientras dormía].

Con Carlos Fenoll desaparecía un ser extraordinariamente sensible y abofeteado por el destino y el único biógrafo posible de Miguel Hernández.
Sus palabras tienen hoy ya el valor de un documento.
Fue difícil convencerle (2) pero, al fin, Carlos Fenoll -cuyo nombre salta pronto al hojear cualquier biografía de Hernández- venció su profunda desgana, perfectamente traslucible en estos antepenúltimos, y amargos, versos suyos:

Todo canta, sin duda, en torno mío.
Mas todo, hasta el amor, está ya muerto
para mi en este instante -que no acierto
nunca a vencer- de espeso y lento hastio...
(3)

y decidía romper con el doloroso silencio que así mismo se había impuesto. Luego dio una enorme brazada, de treinta años, y comenzó a tirar del hilo con timidez.

-El año 47 [5 de agosto] viene a Barcelona [en barco]. La panadería de Orihuela se había convertido en un negocio ruinoso y la dejé. Fuimos trece hermanos, a pesar de que mi padre murió a los cuarenta y dos años. En aquellos tiempos se daba una gran mortandad infantil, así que los matrimonios procuraban tener muchos hijos con el fin de que al menos la mitad sobrevivieran. Yo, que hacia el número tres, era el mayor cuando murió mi padre. Fue duro. En aquel entonces había, por lo menos, dieciocho panaderías en Orihuela.

La conversación parece que va a morir a cada instante, que todo intento de reavivarla será inútil, pero Fenoll, el hombre sencillo que habla con la insospechada elocuencia de un catedrático humilde, desdice al Plauto, se transforma en Carlos y vuelve a dar unas brazadas, inmerso en sí mismo, y se vuelca como un jarro de onzas sobre el hule.

-Miguel nació en la calle de San Juan, y yo también; sus padres se fueron a vivir a la entonces calle Arriba -hoy lleva el nombre del poeta- y también los míos. Después ocurrió que ambos nos pusimos a hacer versos. A Miguel lo mandaron al monte por ahorrarse dinero quitándolo del colegio. Una pena. Miguel tenía una memoria increíble. Recuerdo que leyó una vez la antología de Juan Ramón Jiménez y, al día siguiente, la recitaba de carrerilla. Siempre tenía a mano el diccionario y la gramática. Los llevaba incluso al monte, por el que trepaba a gran velocidad mientras yo no podía. La costumbre le había convertido en una especie de animal montés. Miguel era hijo de una familia de pobreza limpia [Su padre era tratante de ganado y no le iban los negocios]. No pasaba hambre. Y tenía otra cosa: jamás permitió que en ausencia del individuo se le criticara. El decía, después de su primer viaje a la capital de España: «en Madrid son unos chismosos». Era un ser de lo más noble. Siempre veía el lado bueno de las cosas.

Hay un silencio. A través del rotón (sic) [por agujero o roto] por el que velamos el pasado, los años se descolocan caprichosamente hasta que el tiempo adquiere unidimensionalidad y termina otorgando preferencia en la mente de Carlos Fenoll a las sensaciones más vivas.


-La amistad entre ambos nació porque había un teatro en el que actuaba mi hermana Josefina [se conocian desde 1928 por el Cuadro Artístico Musical de la Casa del Pueblo]. Miguel no conocía el ambiente. No conocía por entonces más que la huerta y lo que él estudiaba por libre. Un día un primo suyo (4) lo llevó al teatro y se le antojó interpretar una obra. Era el año 1930 cuando hizo un papel dramático en «Los semidioses» (5). Lo hizo tan cabalmente que fue sacado a hombros. Recuerdo que nada más comenzar los ensayos ya quería escribir una pieza al estilo de Ardavín y Villaespesa. En tanto yo, ajeno a todo, comencé a publicar en «Actualidad», periódico que entonces se hacía en Orihuela. Cuando Miguel se dio cuenta le dijo a mi hermana Josefina «¿Es éste tu hermano?». Le contestó afirmativamente y acto seguido quiso conocerme (6). Así llegó a casa y me preguntó qué era lo que había que hacer para publicar. Le dije que algo no muy largo, porque en el periódico disponían de poco espacio, pero Miguel, que tenía un temperamento arrobador, quería escribir, a toda costa, «una cosa grande».
Le advertí que el teatro en verso era una cosa muy distinta de la poesía; que un poema debía tener ritmo y decir algo en veinte, treinta o cuarenta versos a lo sumo. «¿Y eso es poesía?", me dijo. Veinte o cuarenta versos le parecían poco, y, desde luego, una cosa sencilla para él. Hablamos esto a la hora del almuerzo y aquel mismo día, por la noche, me trajo una poesía titulada «El pirata», que tenía, por lo menos, cincuenta versos. Yo le volví a repetir que era un poco larga, como me había dicho el director del periódico en una ocasión, y Miguel exclamó, muy contrariado: «Eso ya lo sabía yo». Dijo que se había imaginado el mar y yo le insté a que escribiera sobre las cosas circundantes, más conocidas, donde no tendría necesidad de inventar nada. Aquella composición no era más que un remedo de «La canción del pirata», de Espronceda. Después se le ocurrió escribir un drama, en cinco actos nada menos. Le dije que cinco actos eran muchos, pero Miguel escribió el drama, en cinco actos, como quería. Se llamaba «La gitana» [hoy perdido] y estaba escrito en libretas escolares. Tuvo que dejar el estreno porque hacían falta muchos personajes y era muy complicado -estaba escrito en octosílabos-, impresentable. Una imitación del estilo de Ardavin y Villaespesa, autores para nosotros muy familiares, pero a modo de auto sacramental (7). Aún siguió algún tiempo con el teatro, que le había entrado en vena, pero al fin se centró en la poesía, cuando sintió despertar dentro de si el torrente de naturaleza y humanidad que llevaba
dentro.

Carlos Fenoll enciende un cigarrillo. Fenoll, vista cansada, cansado está ya de muchas cosas, pero prosigue.

-Poco después de darme aquel primer poema (8), Miguel me entregó otro (9) que yo llevé al director de «Actualidad», un tal Millán (10), y cuando se publicó se lo di a Miguel. Venía de la huerta con el ganado y comenzó a dar saltos de alegría. Estaba lleno de júbilo; radiante. A poco se siente influido por poetas regionales como Vicente Medina y Gabriel y Galán
Probé Juanica! ¡Probé güertana....'
Por la sendica pal cimenterio la han llevado muerta esta mañana…

Miguel tenía una gran facilidad para versificar. En la panadería acostumbrábamos a improvisar. En Orihuela, donde se han dado algunos muy famosos, a esto se le llamaba «trovar». Se daban, incluso, reñidas competiciones. Luego Miguel avanza a grandes saltos.
Fue de Bécquer a Machado, Juan Ramón, Gabriel Miró y Góngora. El salto a Góngora fue rapidísimo. «Perito en lunas», libro evidentemente gongorino, supera al propio gongorismo. Es un puro libro de acertijos.

Hay un constante estío de ceniza
para curtir la luna de la era,
más que aquella caliente que aquél iza,
y más, si menos, oro, duradera.
Una imposible y otra alcanzadiza
¿hacia cuál de las dos haré carrera?
Oh tú, perito en lunas: que y sepa
qué luna es de mejor sabor y cepa.
[XXXV / HORNO Y LUNA]

Miguel va imitando a todos los grandes sin dejar de ser él. Las diversas influencias están bien patentes en su obra. Las tuvo de Sijé en sus comienzos, que era un católico a machamartillo. Para seguir su trayectoria literaria había que seguir, muy de cerca, aquellos tiempos en que se oía en Orihuela: «el hijo de "Vicenterre" también hace teatro». Y el «hijo de Vicenterre» era Miguel, que comenzó en literatura por lo más bajo: las novelas de folletín.

El siguiente capítulo se titula “Las tardes en el “alcavor” (sic) [alcabor]. Ver


*José María Moreiro periodista de ABC, antes de 1978, publicó la entrevista en «Miguel Hernández 32 años después», Flashmen, nº23, junio 1974.


NOTAS
1).-Una tal Elvira, le había alquilado un piso en Barcelona, y cuando llegó con la familia el piso no exitía, le había timado, por ello se tuvieron que ir a un barrio de barracones de madera cerc de Montjüich.
2).-Carlos no quería hablar con nadie del tema de Miguel, sin embargo es posible que el periodista José María Moreiro le persuadiara con alguna remuneración. Además fue una entrevistas con fotografía.
3).-Se trata del segundo cuarteto del soneto "Madita Hora", Intimidad poética. Alicante abril de 1943.
4).-Antonio Gisbert Aguilera
5)Los Semidioses de Antonio Oliver
6)Si habíaN nacido en la misma calle de San Juan ¿cómo no se conocían?
7)Las bailarinas bíblicas, que acabaría llamándose Quien te ha visto y quien te ve y sobra de lo que era, porque así le pareció a José Bergamín para publicar en su revista "Cruz y Raya" en 1934.
8).-"Pastoril" publicado el 13 de enero de 1930 en "El Pueblo de Orihuela".
9).- El primer poema de Miguel en "Actualidad" es "Horizontes de mayo", nº 117, de 22 de mayo de 1930.
10) El director y porpietario era Alejandro Roca de Tagores, y redactor-jefe Actualidad era Tomas López Galindo, abogado y jefe de Jesús Poveda. Galindo presidía las Juventudes de Unión Patriótica.

Episodios del fin de la guerra en Orihuela


(Entrega de fusiles)

Finalizada la guerra civil a primeros de abril del 39, Orihuela, que había sido zona republicana, se conviertió de repente en zona falangista, registrando casas, incautando documentos y persiguiendo y deteniendo a todos aquellos que se habían señalado como republicanos o habían estado en el frente. Carlos Fenoll tuvo que refugiarse en su propia casa. El hermano Efrén detenido y enviado a una cárcel de Valencia y después a Córdoba para ser "reeducado". A Miguel Hernández le detuvieron el 28 de septiembre del 39 en Orihuela y enviado a los sótanos del Seminario de San Miguel. Llegó a haber 1.700 prisioneros. Entre otros oriolanos Ramón Pérez Álvarez, Ramón Cuenca, Luis Fabregat..., Muchos de ellos no pudieron embarcar en uno de los buques que salía del puerto de Alicante como el carbonero inglés Stanbrook. Carlos no tenía nada que temer pues no tenía delitos de sangre, pues había estado haciendo pan durante los años de guerra para alimentar a las tropas republicanas. Se quedó junto a su mujer e hijo, asumiendo las consecuencia futuras.




Leer la entrevista que concedió Efrén Fenoll a Luis Miravalles en Valladolid:

"Hay episodios de la guerra que todavía requieren una lógica explicación: ¿Cómo se sabía en Orihuela que la guerra estaba perdida cinco días antes de acabar?

Un saco se rompe y le cubre de arroz. Al ruido el camión se para, y uno de los conductores le descubre y le dice que se baje, porque ellos van solamente hasta Orihuela a llevar el arroz a Santo Domingo, ahora almacén de alimento. ¡Justo al lado de su casa!... Efrén piensa que aquello era algo tan providencial, que, sin duda, se debía a la devota intervención de su madre.
Orihuela está repleta de falangistas por todas las calles, pero todos conocen a Efrén, todos han sido amigos de su infancia y sabían que nunca había sido un cabecilla, ni un exaltado o criminal, simplemente un liberal que había incluso colaborado hasta con las congregaciones religiosas y repartido pan hasta en las casas de alta sociedad. Nadie le detiene ni molesta. Aunque sí sería «reeducado» posteriormente, junto con los del 38, en un cuartel de Córdoba, donde no le permitieron ni acercarse al entierro de su madre [1942], algo que realmente nunca pudo asimilar y por ello aún conserva siempre puesta una corbata negra, como símbolo emblemático de su rabia contenida y un inmenso dolor, que aún le quiebra la voz.
Efrén había sido el recadero de la tahona y de la hoja poética de sus amigos: «SILBO», de la que se han lanzado en facsímil los dos únicos números que salieron, encabezados con una generosa dedicatoria de Juan Ramón Jiménez.
Efrén recorría las calles de Orihuela con su carrito chapado de hojalata, sentado en el varal y domando al rebelde burrillo con su voz seductora, llena de frases campanudas e inverosímiles...[...]
Oyéndole se creería que uno está escuchando al propio Miguel Hernández, tal es el ardor y el entusiasmo con que recita de memoria todos sus versos, mientras Teresa, su mujer, también le ayuda a recordar, complacida y entusiasmada. Así terminan estos recuerdos inéditos sobre Miguel Hernández y la Guerra Civil, relatados por su amigo Efrén Fenoll, al que Miguel llamaba «El chico moreno que rima con tren», hoy última voz viva de la Tahona de los hermanos Fenoll, afincado en Valladolid, desde la posguerra.
Aquello fue una guerra absurda, un horrible caos, una desventura que arrebató a otros muchos, a todos, el maravilloso tren de la infancia".

Bibliografía. "Sobre la guerra civil: recuerdos inéditos de Miguel Hernández y de su amigo Efrén Fenoll. Revista Argalla (Valladolid.Diputacion Provincila) 2ª Epoca, nº 18 (1990)


(Archivos de Gaspar Peral Baeza)