Carlos Fenoll, por Palmeral 2012

viernes, 9 de marzo de 2012

Artículo: Clarines de guerra y "Versos de Paz". Publicado en 1935 en "El Día" de Alicante


En su primero época, la época en que el poeta dá (sic) su corazón y lo pone en todo, románticamente, con viril arrebato; en esa primera época agridulce y sentimental en que se aspira voluptuosamente la flor de la aventura, pero del alma bellamente desnuda a todos los vientos, Francisco Martínez Corbalán [1889-1933], nuestro llorado poeta, compuso una poesía titulada «Versos de Paz», impregnándola del ruego mas romántico y más humano de su corazón.
La registra el índice de su libro 'Caminos'.
El azar ha puesto ante mis ojos estos “Versos de Paz” en esta hora gravísima en que amenaza el vuelo del cuerno de la guerra en inquietantes giros, con extender su raid (sic) lo fatídica influencie, de la bélica inminencia italo-etiope, al resto de Europa en espectativa (sic) de hierro. Son como un vivo destello de esperanza, como una oración ante una tormenta...
He aquí, lector, estos «Versos de Paz»

Señor, dulce Señor... Detén la mano
del hermano que vá contra el hermano;
taja del corazón la crueldad;
al lobo hambriento aparta del aprisco...
Dános la Caridad
y el amor, todo amor de San Francisco.
No se torne rubí bravo y caliento
el cristal rumoroso de la fuente:
que no turbo la paz de los senderos
que perfuman las rosas,
el rudo galopar río los guerreros
con sus trompas de guerra clamorosas.

Que haya paz en el monte y en el llano;
que el corazón se torne del corazón hermano;
que las madres son madre sobre todo la tierra
y las novias, que llevan risa y bese en la boca,
¡No saben de la guerra
ni del soberbio afán que las provoca!
Ni son los hombre, no los triunfadores
de esta recia contienda de rencores;
son los lobos del Señor, lo carniceros
lobos que avanzan, negros y ululantes,
con la amenaza en los colmillos fieros
y las lenguas sangrantes.

Son los rudos mastines de la Muerte
—ojos de fuego, sed, carlanca fuerte —
que ventean la sangre extremecidos (sic)...
Son los cuervos que vuelan graznadores
sobro los cascos de los aguerridos
soldados invasores.

¡Es la miseria y el dolor humano
Lo que el hermano deja al otro hermano!
Señor, Señor... Ten teda tu piedad.
Al lobo hambriento aparta del aprisco...
¡Dános la caridad!
y el amor, todo amor do San Francisco!


No fué la humana súplica del poeta encaminada a una determinada auto¬ridad temporal. Invoca en al dueño Señor, que tiene poder eterno, eterna piedad para con sus criaturas. Por eso estos «Versos de Paz» son como un destello de esperanza, pues do Dios espora siempre su bondad quien en Dios puso su fe, el único tesoro inestimable de nuestra vida.
Que El permita que estos «Versos de Paz» enmudezcan a los metálicos clarines de la guerra.
Orihuela, septiembre
CARLOS FENOLL

Comentarios de Palmeral:
Si a un escritor o incipiente periodista le dan una columna para publicar un artículo en un periódico, lo que no se puede hacer es dedicarle el protagonismo, tu espacio a otro, como en este caso Carlos Fenoll se lo cede a Francisco Martínez Corbalán, periodista y mediocre poeta yeclano fallecido en 1933 por muy místico que se ponga al ceder la intermediación del Señor ante los lobos de la guerra.
Carlos hace referencia a la Guerra Italo-Etíope, invación duró 7 meses, entre 1935 y 1936. Es vista como una muestra de la política expansionista que caracterizó las Potencias del Eje y de la ineficiencia de la Sociedad de Naciones, antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Desde su llegada al poder Benito Mussolini había prometido la creación del Imperio Italiano, que controlaría el Mediterráneo, en aquel entonces en poder de Francia e Inglaterra. No deseando iniciar la guerra con estos países, Mussolini enfocó su vista en Etiopía, una nación independiente pero débil, situada entre las colonias italianas de Eritrea y la Somalía Italiana.

Juan Sansano Benica, oriola y director de "El Día" de Alicante le dio otra oportunidad, y a la semana siguiente (7 de octubre 1935) apareció publicado un excelente artículo de Fenoll "Hace un año" sobre su experiencia personal en la rebelión de octubre en Barcelona de 1934. Sin embargo, un periódico se hace eco de la actualidad, no de lo ocurrido hace un año, que pertenece más que nada a la historia que a la crónica periodística.

Carlos no volvió a publicar en "El Día" de Santano, desconocemos la razones.

No sé qué causas de llevaron a seleccionar el poeta de Corbalán "Versos de Paz", muerto dos años antes, era caso una especie de homenaje, pensamos que tenía en su poder el libro "Camino" y lo usó como llamada de atención entre la guerra italo-etíope y la maldad de los hombre.
Paco Martínez Corbalán es conocido en el mundo henandiano por la entrevista que le hizo a Miguel Hernández a madrileña revista Estampa (20-02-1932), titulada con perfil pintoresco “Dos jóvenes escritores levantinos. El cabrero poeta y el muchacho dramaturgo”.


NOTA
Hl periódio "El Día" ha sido facilitado por el Centro de Estudios e Investigación Vicente Ramos de Guardamar de Seguras. Por mediación de Otilia Maciá.
Referencia: CEI "Vicente Ramos"
Archivo: Personajes Destacados
Sign. PERDEST. 18/3

jueves, 8 de marzo de 2012

Soledad

Su vida se resume muy bien en este soneto:


Las sombras de los seres que he perdido;
la luz de los que amo en el presente,
el odio de mi sangre, el más vehemente;
el sueño de mi alma más querido.

El aliento de gloria que ha esparcido
primavera en el aire transparente;
todo se me ha hecho vano de repente
contemplando tu rostro dolorido.

El poder del recuerdo abre las fosas,
y el odio y el amor pueden más, tanto,
que renueva sin fin todas las cosas.

Un dominio supremo, el del encanto,
ejercen los ensueños y las rosas...,
¡pero a todo poder vence tu llanto!

Carlos Fenoll, "Semanan Santa" de Orihuela, 1944



El lavatorio de Orihuela Francico Salcillo

miércoles, 7 de marzo de 2012

Carta de Carlos a Joaquín Ezcurra


Estimado amigo Joaquín Escurra:

El viernes, 12, recibí la revista OLEZA que me anunciabas en tu carta, y hoy domingo que dispongo de tiempo mío lo primero que estimula mi actividad espiritual es el pensamiento de contestarte.
Te recuerdo perfectamente, como si te estuviera viendo catorce años atrás: «el pequeño Ezcurra», según te llamaba yo in mente. Para mí ya tenías personalidad. Eras un chiquillo fino e inquieto, y muy inquisitivo de las cosas artísticas, con un rápido fuego Inteligente en los ojos. Hablarías personalmente poco, sí; creo que una vez o dos, no sé, no estoy seguro. De lo que si estoy cierto, sin embargo, es de que, aunque desde lejos, yo te tenía afecto.
Otro que me dejó una fuerte impresión de personalidad propia, y que por nombrármelo en tu carta le recuerdo ahora con precisión y mucha simpatía, es a Enrique Lucas. Tenía un carácter tranquilo y soñador, y lo tendrá probablemente, y su corazón era un corazón de poeta. También recuerdo ahora mismo con afecto a Emilio Bregante, buen amigo y buen artista del dibujo, y al algo serio o quizás espiritualmente recatado Antonio Escudero, que siempre me dio una impresión de equilibrio o más bien de inalterable serenidad. Todos vuestros nombres, y el de Antoñito García [Molina Martínez], al que me unía una directa amistad entrelazada con la de Gabriel Sijé, me han traído a la memoria los días de Orihuela en que yo estaba lleno de un maravilloso entusiasmo creador, pero al mismo tiempo de grandes crisis de pesimismo y de locas reacciones. Días más bien dolorosos, pero en los que siempre aleteaba una vaga forma de esperanza, suficiente para no ser uno desgraciado del todo. ¡Qué lejos el terrible caos de mi juventud! Hoy, con 49 años, soy más viejo que Matusalén, espiritualmente; a tan infinita distancia me veo de aquella ludia que dudo ser yo mismo.
Ahora vivo ya sin pasión, bastante resignado con mi destino: hacer pan cada día y versos de vez en cuando, muy raramente, por puro pasatiempo y, desde luego, sin el más mínimo afán de gloria ni nada de eso, puesto que siempre lo rompo todo. He acabado por aceptar, en fin, y ya sin amargura, la realidad de mi incapacidad [p]sicológica para el éxito. No obstante, para complacerte, escribiré algo para tu revista y te lo mandaré a la mayor brevedad. OLEZA tiene una dignísima presentación y está muy inteligentemente enfocada y realizada con suma pulcritud y gusto. Te felicito de todo corazón por este desinteresado esfuerzo en pro de prestigio de nuestra magnifica Orlhuela. La foto de Miguel me ha impresionado mucho. Yo estaba presente en aquel acto, pero ignoraba la existencia de este valioso documento gráfico. A todos los admiradores de Miguel que lleguen a verla estoy seguro que les causará sensación.
Como en los límites normales de una carta no es posible, dentro de los próximos días te escribiré unas notas sobre la vida y milagros de nuestro poeta, inéditas, en el ambiente de la calle de Arriba.
Recibe ahora un afectuoso abrazo de un amigo que te agradece te hayas acordado de él. Un saludo cordial también para los demás amigos. Y otro al Pájaro Mirlo, símbolo de nuestra muy leal y muy noble tierra.

CARLOS FENOLL (Barcelona, sin fecha, sobre 1961)

Sin embargo, Carlos se olvidó o no quiso colaborar en la revista OLEZA y no le envió el poema prometido ni quiso contarse cosas sobre Miguel ni de Sijé. He hecho no publicó nada en esta revista.
En esta revista colaborada Juan Fenoll Villegas, primo de Carlos.

Los corresponsales no se volvieron a escribir más. A continuación la carta a modo de respuesta y supuesto enfado.


CARLOS FENOL, POETA DE LA AUSENCIA

Carlos Fenoll, hubiera sido un gran colaborador de esta inquieta revista. Pero el añorado poeta, extraordinario para nosotros, humano en sus crisis y rarezas, incomprensible a veces hasta para él mismo y genial siempre, desapareció un día de Orihuela abandonando su calle de Arriba, la calle donde naciera [viviera] Miguel Hernández. Por la puerta de su casa, por la panadería de Carlos Fenoll pasa¬ba todos los días el autor de Autos Sacramentales con sn rebaño de cabras. Carlos era ya un hombre, amasaba pan y hacía versos. Era un poeta, un soñador, un bohemio, un enamorado de las noches calurosas de una Orihuela bañada en azahar. ¿Dónde están, querido Carlos, aquellos tus versos con ángeles manchados de harina? «Y yo en vaivén ante el horno remando nube encendida».
Al calor del luego de ese horno de Carlos se encendieron las inquietudes y los ímpetus de Miguel Hernández y Ramón Sijé. Los dos se inyectaron ese fuego en sus venas. Les faltaba anchura para la profundidad de sus pensamientos. Al calorcillo de esas diarias tertulias acudían más poetas oriolanos, más jóvenes, casi niños. Jesús Poveda, hoy en Méjico; Manuel Molina, en Alicante: Justino, hermano de Ramón Sijé, fallecido en plena juventud creadora; Adolfo Lizón, en Portugal. Josefina y Efrén, hermanos de Carlos, también ausentes, completaban los personajes de aquellas tertulias en donde se tuteaba a San Juan de la Cruz, Jorge Manrique, Calderón de la Barca y Góngora.
Murió Ramón Sijé, novio de Joseflna Fenoll, y Miguel Hernández escribió sus dos famosas Elegías; «En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería», «En Orihuela, su pueblo y el mío, se ha quedado novia por casar la panadera de pan más trabajado y fino, que le han muerto la pareja del ya imposible esposo».
Paso con frecuencia por la calle de Arriba y comprendo la ausencia de Carlos Fenoll. La panadería está igual que entonces, pero cerrada. Vivir allí sin ellos no era vivir. Una catástrofe de tormentas mató a Miguel, a Ramón y Justino y dispersó a los otros. Carlos era el padre de todos, pues cuando Miguel Hernández y Ramón Sijé quisieron, siendo niños, vestirse de hombres, haciendo de la filosofía y poesía un juguete de la vida, ya se habían escrito en la panadería muchos versos. «¡Llorar es salvación! jOh!, qué alegría siento al verme ante ti, Señor, llorando como hace tiempo que llorar quería Conforme voy mis vicios recordando más deseo mirar¬te en tu Agonía, porque quiero, Señor, irme salvando»...
Mucho tiempo he deseado encontrarme con Carlos Fenoll. Por fin contestó a una de mis cartas, precisamente la que publicamos. Obligado por la tardanza de la colaboración prometida, y en la cual había de hablarme de cosas intimas, e inéditas, de Miguel Hernández y Ramón Sijé, insistí con telegramas de urgencia, y ya cerrando la edición, Carlos me escribe: «Perdona, pero me falta inspiración, momento, centro y lugar, reposo de espíritu».
Carlos aún lleva en su interior la catástrofe y la tragedia que mató a unos y dispersó á todos, recuerdo que le sigue y persigue como un rayo que no cesa, que le atormenta y le duele, dolor que no puede disimular en sus versos; «Las sombras de los seres que he perdido, la luz de los que amo en el presente; el odio de mi sangre, el más vehemente; el sueño de mi alma más querido»; «El poder del recuerdo abre las fosas, y el odio y el amor pueden más, tanto, que renuevan, sin fin, todas las cosas»...
Gracias, Carlos, por los versos inéditos de Miguel Hernández que me envías en compensación a esa falta de «momento espiritual, propicio y feliz». Duro es el esfuerzo de catorce horas de trabajo. ¿Por qué trabajan los poetas? Miguel te dijo en una de sus cartas, «que más valía hacer un pan que un periódico». Miguel no fue sincero en esta ocasión. Escribe, que Orihuela se ha quedado sin poetas.

Joaquín Ezcurra Alonso



NOTA.-
Nuestro agradecimiento a César Moreno director de la Biblioteca Pública Fernando Loazes de Orihuela, por facilitarlos copia de la revista “Oleza” de junio de 1961. Gracias a la intermediación de Aitor. L. Larrabide.

La nostalgia del ser: el "Canto encadenado".


(Fotografía inédita. Carlos echando un pulso con su primogénito José Antonio, en Barcelona sobre 1968. Estas son sus verdaderas cadenas: sus hijos, que siempre estuvieron a su lado).



ANÁLISIS DE "EL CANTO ENCADENADO":
Hasta ahora nos hemos referido a poemas surgidos de la pérdida angustiosa de un tiempo y de un espacio. Pero el gran tema de los versos de madurez de Carlos Fenoll, oculto constantemente tras esta poesía de confesiones, se hace particularmente explícito en el poema titulado "Canto encadenado", de 1944. Es la añoranza de un ámbito en el que el poeta soñó existir: la palabra, que lo hubiera proyectado a un tiempo auténtico, a la memoria y al ser.
"Canto encadenado" aborda directamente la causa de todas las inquietudes del poeta: la creación como un imposible:

Cuántas constelaciones de claras hermosuras
rodando por mi mente, sin posible destino.
Jamás podré crearlas con tantas ligaduras
que me anilla en el alma mi trabajo asesino.


Estos cuatro primeros versos recuerdan muchos pasajes de poemas anteriores en los que Fenoll declaraba su ansia de crear y explicaba las razones que lo alejaban de la escritura, pero de manera particular enla¬zan con unos versos de 1942, del poema "A la mujer alicantina", en los que la frustración artística era ya un sentimiento consolidado y el poeta oponía literatura a vida:

...además de un sencillo y negro traje
tengo un mundo transido de belleza.


En "Canto encadenado" se profundiza en este sentimiento de derrota: el poeta se siente incomunicado con respecto al entorno, pero sobre todo dividido en su esencia misma. La fatalidad a la que a veces alude Fenoll ha cerrado su asedio y el silencio es un hecho consumado. "Canto encadenado" analiza la razón por la que el destino del poeta es más trágico que el del hombre Fenoll: a la carne en el mundo le queda el amor para sobrevivir, y en su despedida la fe y la esperanza, pero el poeta observa en el pasado, en el presente y para siempre el vacío y el olvido. El tiempo pasa y el hombre va consumiendo sus energías, y mientras el poeta, cuya misión para Fenoll es generarlas, se debilita entre herramientas de fatiga y quebranto. En el trabajo asesino que escinde su personalidad comprueba Fenoll su doble miseria:

Me hace trocar el oro del cielo por el cobre
del mundo material; me amarga y desespera
cuando, duro y brutal, me hace dos veces pobre
robándome el ensueño, la luz, la primavera.


La lucha entre la realidad y el deseo no plantea, sin embargo, la posibilidad de un dilema. El poeta no tiene contra quién luchar como no sea contra sí mismo:

Nada puedo contra él: dos niños corazones
—arroyuelos que cantan la misma sangre mía—
y el amor a mi esposa, son las grandes razones
que estrangulan mi grito de ansiada rebeldía.


Hay entonces un deseo de proyección en lo inmediato que consis¬te en quedar calladamente en esas razones afectivas. Pero el resultado es una paz aparente: esa conformidad u obligado deseo se vuelve contra quien lo busca y entonces la angustia se presenta como destino implacable:

Deseando la paz, quiero aplacar mis sueños,
horrarlos, como borra la aurora a las estrellas;
pero igual que la espuma son vanos mis empeños:
germinan sin descanso, renacen como ellas.


"Canto encadenado" se cierra con una reivindicación de la existencia poética pese a ese conflicto interior que se ha de decantar día a día hacia la realidad:

Cantaré entre herramientas de fatiga y quebranto
ya que un fuego inmortal, divino, me lo ordena.
Pero siempre habrá un dejo de amargura en mi canto
mientras llore mi alma su pesada cadena.

De alguna manera, "Canto encadenado" es el testamento literario de Carlos Fenoll. Como tal. permite completar el concepto de belleza analizado a propósito de algunos poemas de la segunda época. También el poema "Recordando a Gabriel Miró", dos años posterior, contribuye a ilustrar el sentimiento estético en Fenoll.
Para Carlos Fenoll, la creación es un acto totalmente contemplativo, un deleite espiritual. Por eso, tanto en "A la mujer alicantina" como en "Canto encadenado" se sirve de la palabra ensueño para explicar su predisposición creadora. Ensueño alude a un estado de gracia en la palabra poética, en la que se funden todas las significaciones positivas. Los distintos motivos poéticos que representan a lo largo de la obra de Fenoll esta vertiente ideal de su pensamiento se unifican en su idéntica capacidad de simbolizar pureza y perfección y responden a una con¬cepción única, a una postura evasiva de la realidad.

El ideal de Fenoll es la creación de un tipo de poesía que no nece¬site ser razonada por el receptor ni argumentada por el escritor. Pero él se siente incapaz de crear este mágico diálogo entre sensibilidades, porque ante todo se sabe ligado, y hasta esclavo, si atendemos a sus palabras en "Canto encadenado", de la realidad cotidiana y sus condiciones, y también porque se siente incapaz de instalarse en estados de inocencia indispensables para acceder a la esencia del mundo y de nombrarlo con las palabras más puras. Es entonces cuando el patrimonio del cuerpo —fatiga y quebranto— se sitúa sobre el del espíritu, cuando la poesía se convierte en sueño imposible. El sueño de la pala¬bra es la impotencia contra la realidad. La poesía, que a través de los sentidos y de los sentimientos puros pondría de relieve lo mejor del mundo y del hombre, es una utopía. Sueño y ensueño nunca llegan a coincidir y el deseo final que encontramos en "Recordando a Gabriel Miró", que es sed de poesía, nunca se hace realidad:

¡Oh manjar inconfundible!
El alma que lo pruebe
sentirá que la luz de la belleza
lo inunda para siempre.


Tanto en los poemas de desahogo espiritual como en los de acerca¬miento a ideales de belleza o perfección, la poesía de Fenoll transmite sentimientos de soledad y aislamiento insalvables, de mundo interior que no respira, y quizá la razón es este pensamiento utópico nunca renovado del escritor. Ni siquiera las distintas formas de interlocución que va usando, ya sean de signo estético, afectivo o religioso, expresan diálogos efectivos con la realidad, porque acaban integrándose en su mundo desolado o confirmando su incomunicación.

Nota
Ánalisis de María Dolores García Selma, publicado en las pp 96-99, de su libro "Carlos Fenoll. Vida y obra",Instito Aliantino de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2000

Carta lírica a Carlos Fenoll en la revista NUMEN nº 64




En los trigos de hierro sueño cuando pienso resulto en penas, la vida del poeta que nace este año con 100 años a la espalda, resurgido de un vaporoso sueño, el sueño prestado de la historia de la literatura y del polvo del olvido, juntos para siempre con el amigo cabrero, el más íntimo del genio y perito en lunas y "lunastes", que se fue con tu sonata pastoril.

Tu memoria, Carlos viene a mi memoria desdentada, a mis viejas de lecturas y el recuerdo encadenado de "Tu rosa fue abismo más fatal".

Y es la tahona al refugio cálido de la leña menguando en el horno os reuníais, no en tertulia, sino en coro de lecturas, algunos amigos de la generación oriolana del 30 y del 36 con "Silbo".

Al ardiente calor del alcabor recitas con el poeta-pastor, le trova y cantas mientra con tu pala de marinero en tierra bogas por los mares de la fantasía y de los deseos de libertad y de salir volando por la ventana envuelto en hojas del ABC y montado en "Silbo". Mientras el misterio de la levadura de los panes y los versos fermentan al son secreto más antiguo de mundo: le pan nuestro de cada día.

Y es en la ferocidad del león del 36 cuando decides, casado con Ascención y ya con tu Antoñito de meses, marchar a la guerra de España de parte de la república constitucional en Madrid y en Toledo.

En el verano del 47, cansado de tu Orihuela natal, es cuando decides marchar a la Ciudad no Condal sino territorio de emigrantes, por los mares de Colón, que siempre tiene el mismo y embalsamando y broncíneo dedo apuntado a America.

Y es allí, Fenoll, sin quererlo vuelves al misterio de los trigo y las horas de vigilia nocturna, otra vez perseguido por el honro y el pan.

Tu "Canto encadenado" queda encerrado en la historia de las cadenas del papel imprenta, y eres hombre de nuevo en el recuerdo, que sin olvidar el pasado vienes a esta páginas de Internet.

Y ahora queda que tu centenario sea centelleante, explosivo y voluntarioso por los oriolanos, no tirado por un carrito de pan por un asno, sino por el león alado de san Marcos o mejor sería por el pájaro Oriol.

Por Ramón Fernández Palmeral

martes, 6 de marzo de 2012

GITANA



Obra costumbrista de Joaquín Agrasot Juan (Orihuela, 24 de diciembre de 1836 - Valencia, 8 de enero de 1919)


Gitana

Obsesionada de oros
sale gitana al camino.
Espina dorsal del viento,
pasará el cielo a tornillo.
Cansada y doliente danza
un lento compás de rito,
y se ondula, humo moreno,
esbeltez en equilibrio.
La luna de su garganta
le eclipsará el apetito.

Carlos Fenoll. Revista Isla, Cadiz, nº 2.3, 1933 Revista de Pedro Pérez Clotet, natural de Villaluenga del Rosario (Cádiz)
Publicación que consiguió Carlos gracias a la mediación de Miguel Hernández.

NO REPOSES, AMOR

Tú, como el mar, no reposas. Amor.
Si de pronto cesara tu vasto movimiento,
una ola infinita de odio y de terror
cubriría la tierra y la luz del firmamento.

¿Qué infierno, Amor, más grande y pavoroso
que la humana razón, sin tu atadura,
trastocada en un viento impetuoso
devastador, creciente, de locura?

¿Qué patria, qué deber, qué santidad,
qué noble sed de gloria inmarcesible,
qué interna claridad,
qué belleza sería ya posible?

Las alas de los besos no serían
de luz, sino de barro pegajoso;
las flores y los astros se odiarían,
como todo lo puro, lo bello y luminoso.

Ni una conmovedora despedida,
ni un rostro de cristal, fiel y risueño,
ni la miel de una voz enternecida,
ni un canto ni un ensueño.

Ni una mano de luna
resbalando, en caricia, en una frente ardorosa,
ni un aire de canción junto a una cuna,
ni una pisada queda, ni un rezo ante una fosa.
Sólo la garra, sólo la serpiente.

sólo la aguda espina,
la miserable carne solamente
entre aullidos, tinieblas y ruina.

¡No descanses, Amor, en tomo mío!,
aunque seas, a veces, amargo, cruel, violento,
como el mar levantado en un ciego desvarío.
Yo prefiero la muerte a estar vacío
de la fuerza creadora de su aliento.

Revista "Momentos" Semana Santa de Orihuela. 1942

Dedicado en el original a Antonio García Molina

La proclamación de la II República en Orihuela


(Plaza Nueva de Orihuela donde se ubicaba el Ayuntamiento, antes de su demolición)

El 23 de abril de 1931, se formó oficialmente la Gestora, que a instancia del Gobierno Civil de la provincia, quedó compuesta por los miembros más destacados de las formaciones aliadas. La Alcaldía se mantuvo en manos de Ricardo García López (presidente del Partido Republicano Radical), los síndicos fueron Fernando Plaza Gómez y Eladio Turón Sánchez (del Partido Republicano Radical Socialista), y los tenientes de alcalde, uno por cada distrito, José María Lucas Parra, Pedro Muñoz Méndez y José María Pescetto Román (de los diversos partidos republicanos) y Antonio Cubí Tomé, José Ortiz Juan, Daniel Cases García y Andrés Martínez Jacobo (del Partido Socialista).
En Orihuela, como en otros muchos ayuntamientos, se repitieron las elecciones del 12 de abril por manifiestas irregularidades denunciadas ante el Gobierno Civil. El sorprendente desenlace de las elecciones había descolocado a los dos bandos. Los monárquicos no podían creer que, a pesar de su amplia victoria en las urnas -31 concejales electos, justamente los que presentaron-, habían perdido todo el poder. A los republicanos les sucedía lo contrario, pues ni en sus más optimistas previsiones habían soñado hacerse con el control absoluto del Ayuntamiento. El sistema escogido para nombrar las gestoras provisionales, tanto en las diputaciones provinciales, como en aquellos ayuntamientos cuyas elecciones se repitieron por presunto fraude, propició que las irregularidades empleadas por los monárquicos en abril, se repitieran en mayo protagonizadas por los nuevos regidores. Formado el Consistorio, exclusivamente por socialistas y republicanos, debía encargarse tan sólo de cuestiones administrativas urgentes. En la práctica, sin embargo, controlaron en su favor todo el poder municipal, organizando actos de propaganda y cambiando los nombres de las calles por significados personajes republicanos, ante la aparente desaparición de los elementos con¬servadores.
Celebrados los comicios sin la concurrencia de los monárquicos, la Comisión Provisional se reunió el 6 de junio de 1931 a la 7,30 de la tarde, para constituir el Ayuntamiento compuesto por 33 concejales escogidos equitativamente entre socialistas, republicanos de izquierda y republicanos conservadores. Durante casi un bienio, un grupo de profesionales liberales y trabajadores cualificados (abogados, impresores, tipógrafos), junto a otros miembros de la clase media, se hicieron con el poder e intentaron acometer un ambicioso proyecto reformista que encontró un fuerte rechazo entre las élites dominantes. Pero más allá de los problemas externos, los desencuentros entre las diferentes minorías, fueron minando la credibilidad del Consistorio. Tras deshacerse de los radicales, los socialistas recordaron constantemente al resto de los republicanos que sus votos daban y quitaban la Alcaldía y, en una de estas disputas iniciada entre Antonio Cubí y el alcalde Lucas Parra, salieron a la luz acusaciones de coacciones y apaños en los colegios electorales durante la repetición de los comicios municipales de abril, circunstancia que aprovechó el despechado Ricardo García para convertir la indiscreción en un escándalo a nivel nacional. Esta polémica, que llegó a los juzgados, se mantuvo de actualidad durante todo el bienio.

NOTA
("La política oriolana entre las lecciones de 1931 y la victoria del Frente Popular en 1936", Antonio José Mazón Albarracín, "La Orihuela de Miguel Hernández" 2011, pp33-35)


En los tres primeros meses de 1931 del Carlos Fenoll publica sólo tres poemas en El Pueblo de Orihuela, "Esta noche", "Primavera en el corazón" y "Las dos sonrisas". Semanario dirigido de facto por don Luis Almarcha Hernández, ógano de la Federación de Sindicato Católico de Orihuela y su caja Rural Central. A amitad de Fenoll con don Luis se mantuvo siempre fiel y sin fisuras de pensamiento.

El escultor José Séquier Zanón

José Séiquer Zanón, nacido la localidad muriciana de Librilla en 1902 antiguo señorío de Fajardo. Estudió Escultura y Dibujo en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, en donde, entre otros, tuvo como profesoral escultor valenciano Mariano Benlliure. En 1930 marchó a París pensionado por la Diputación Provincial de Murcia. Posteriormente, fijó su residencia por breve tiempo en Madrid y después en Murcia, donde después de concluida la Guerra Civil fue designado director de la Escuela de Artes y Oficios, cargo que desempeñó hasta 1970. Estuvo vinculado a Orihuela por su matrimonio con María Lucas Parra, miembro de una conocida familia oriolana.
Seiquer realizó para Orihuela dos obras de distinto cariz. La primera de ellas, el busto en bronce de Gabriel Miró, fue premiado por el comité ejecutivo del homenaje al escritor alicantino. con motivo del segundo aniversario de su fallecimiento (comité del que formaron parte, entre otros, José María Ballesteros, Ramón Sijé, Miguel Hernández y Augusto Pescador), inaugurándose el monumento, con pedestal del artista local Adolfo Pérez León, el 2 de octubre de 1932 en la Glorieta. La otra obra es el "Cristo Yacente" de la procesión del Santo Entierro, talla de madera policromada, concluida a principios de abril de 1942, sólo unos días después del fallecimiento de Miguel Hernández en el Reformatorio de Adultos de Alicante, obra que fue galardonada al año siguiente por la Diputación Provincial de Murcia con el premio Salzillo. El 29 de marzo del 42 salió publicado en la revista “Momento” de Semana Santa el poema de Carlos Fenoll “Cristo yacente” dedicado a Juan Bellod “que sabe ver”.



NOTA
Biografía aportada por Julio Calvet, en su libro Ramón Sijé, Semblanca, Ecu, 2009

José Séiqueir tuvo una sobrina tambien escultosa Elisa Séiquier Gutiérrez (1945-1996)