Carlos Fenoll, por Palmeral 2012

domingo, 4 de marzo de 2012

En 1969 Molina escribre sobre la quema de algunas cartas


(Carlos y Rafael Azuar en Alicante en abril de 1968. El la galería de la casa de Molina). Rafael Azur es autor del artículo "Carlos Fenoll y Miguel Hernández", La Verdad 12-10-75,


En la página 26 del libro "Miguel Hernández y sus amigos de Orihuela" Angel Caffarena 1969, todía vivía Carlos, no conocemos el parecer que le causó el libro.


Hoy vive en Barcelona, agarrado a su oficio, apartando sombras y recuerdos, borrándose voluntariamente de la nónima de los elegidos de la creación y del arte. Su correspondencia se distancia con los años y ahora viene a decir que sólo le quedan manos para amasar su pan.

De los jóvenes escritores oriolanos, Carlos Fenoll fue el primero que empezó a publicar sus versos. Encontramos poemas suyos en el semanario local "Actualidad", del año 1929 [6 de junio]. Las publicaciones de Miguel Hernández y Ramón Sijé no se inician hasta el año 1930. No cabe la menor duda que la primera influencia viva recibida por Miguel fue la del panadero y que lo guió a través del pueblo que él tan bien conocía por sus andanzas callejeras de mercader-vendedor de puerta en puerta, de contactos con las gentes de las más diversas condiciones, en el mercado, en la taberna, en la plaza pública, en su tienda, en su familia, que eran todos de naturáleza comunicativa y alegre, bulliciosos, inteligentes y amigos de la canción.

El padre de Carlos era trovero —improvisador de estrofas de esencia popular—, de los que acjeras (sic) de mercader -vendedor de puerta en puerta, de vada (sic) a calidad lírica, fue heredada por Carlos, quien se la contagió a los más sencillos de sus amigos, entre los cuales destacaba el pastor.

Del aprecio y afecto de Miguel Hernández por el panadero hay innumerables pruebas, muchas de ellas publicadas en libros y revistas interesadas en la vida del genio oriolano, otras se perdieron en el fuego, en la hoguera que de sus papeles íntimos hizo Carlos Fenoll, intentando purificar su pasado, y algunas pocas pasaron al archivo de sus amigos más próximos. [Entre ellos Manuel Molina]


Temos un fragmento de la carta de Carlos a Molina de octubre de 1969. Falta la parte del comentario al libro.

«Sí, tu fuiste el benjamín, el último testigo, y, por predestinación, quien había de dar el necesario, veraz y definitivo testimonio del origen de aquel grupo, de su desenvolvimiento y su fin. Y la evidencia de esta aseveración, digamos, metafísica, está en que yo, precisamente el más indicado en un amplio sentido para la realización de esa tarea, previa y paulatinamente fui quedando excluido de tal posibilidad por una misteriosa fenomenología mental y moral que me dificulta enormemente la acción de escribir (...) Las causas son ya lo de menos. El caso es ue, como te digo más arriba, tú eras le predestinado, el señalado para llevarla a cabo, y yo, desde antes de las estrellas, tenía que dejarte abierto y solo este hondo camino..."

----------Conclusión.........
Carlos y su mujer Ascensión estuvieron en Alicante y Orihuela en abril de 1968, y se entrevistaron en casa de Manuel Molina y su esposa Maruja Varó. Lo más probable es que e Molina le hablara de que estaba escribiendo este libro, y si se atrevió con el comentario de que "otras se perdieron en el fuego, en la hoguera que de sus papeles íntimos", es porque era cierto, de lo contrario el enfado de Carlos hubiera sido oído mayúsculo, a pesar de ello consintió.

sábado, 3 de marzo de 2012

Llevamos 2460 visitas. Países que visitan esta página

CARLOS FENOLL

Lugar más destacado entre estos jóvenes ocupa, por su obra, el panadero Carlos Fenoll Felices, Carlicos para su familia y amigos. Nació en 1912 y en los momentos juveniles del grupo era el que parecía más encaminado hacia la poesía, a pesar de haber aprendido a leer y escribir entre muchas penurias. La muerte prematura de su padre hizo que asumiera pronto las responsabilidades del negocio familiar y el cuidado de varios hermanos que sobrevivieron de los trece que el matrimonio engendró. Gran gustador de vino y toros, de flamenco y versos, Miguel Hernández tuvo con este muchacho franco y alegre un trato fraternal y estimó sobremanera sus aptitudes. Fue Fenoll quien, aunque de menor edad, llevó al joven pastor a publicar sus primeros versos en El Pueblo de Orihuela y quien dio noticia de él a los lectores: "A Miguel Hernández, el pastor que en la paz y el silencio de la hermosa y fecunda huerta Oriolana, canta las estrofas que le inspira su propio corazón", escribió en la dedicatoria de su «Sonata pastoril» (1). "Gran poeta y extravagante panadero", en opinión de Ramón Sijé, este le presentó, a su vez, a los lectores del Diario de Alicante el 11 de febrero en 1932 sin tener conciencia exacta, quizá, de hasta qué punto entraba en los secretos del alma del amigo: "Un inquieto -de vida y horizontes- es este poeta, pariente de Eduardo Poe, gran melancólico y bella flor de artesanía. Aquí os lo presento, enlutado rondador y bohemio".
Desde los diecisiete años Fenoll publicó asiduamente en las revistas oriolanas del momento, sobre todo en Actualidad y alentó, en 1936, la que estaba llamada a ser la empresa poética más trascendente de Orihuela, la revista Silbo. Pero el mundo literario y humano de Carlos se fue diluyendo alrededor de él, mezclado en desdicha: la muerte de Sijé, la Guerra Civil, el exilio americano de dos hermanas -y de su cuñado Poveda-, la muerte de Hernández y la de Gabriel Sijé. El poeta vitalista y alegre se convirtió a la fuerza en un hombre ganado por el desencanto y el pesimismo, y su alma encadenada comenzó a transitar los caminos tenebrosos de la ruina moral.

Alma, rasga tu noble vestidura,
que es la hora que a mí me precipita
a un infierno de alcohol y de locura (Hora maldita, 1 943).

Queriendo esquivar el tormento estéril de los recuerdos, arrasó para siempre los papeles -cartas y poemas- que lo unían al desventurado Miguel. Y ni así consiguió aligerar la carga abrumadora del pasado. Tuvo también momentos gozosos en los que quiso comenzar de nuevo e ir, "irresistiblemente, hacia todas las bellas cosas eternas, con la admiración y el entusiasmo invencibles de los que vuelven del infierno”(2). Pero el desaliento era más fuerte:

...siempre habrá un dejo de amargura en mi canto
mientras llore mi alma su pesada cadena (Canto encadenado).[1944]

En medio de una situación personal y económica agobiante, vendió su casa y marchó lejos, a una ciudad que conocía bien y en la que vivió muy modestamente hasta su muerte, con el ansia, en dedicación exclusiva, de sacar adelante a su familia. Entregado a otras preocupaciones, se le fue haciendo cada vez más difícil y lejana la escritura. "Estoy seco, vacío, hasta la angustia”(3). Sus amigos escritores quisieron rescatarlo de la abulia que lo atenazaba, y le pedían colaboraciones esporádicas, pero él daba respuesta con dificultad. No se trataba de pereza exactamente. Además de las cotidianas fatigas materiales, la causa última de su renuncia literaria tenía nombre de desesperación: un desánimo de ida y vuelta que nunca logró conjurar, quizá por la conciencia insoportable de reconocerse inferior a sus aspiraciones: "Yo -me digo- estoy muerto, más muerto que Miguel. Él vive en su obra, y yo tengo el funesto presentimiento de que no realizaré ya ninguna”(4).
Pudo haber sido poeta de juegos florales -talento poético le sobraba para ello-, y prefirió callar y hasta arrepentirse de casi toda su producción. Hernández le había dicho tiempo atrás: "Pierde la mitad de valor el verso que se dice y gana el doble el que se queda en la garganta”(5). Y Carlos se mantuvo fiel a este dictado, incapaz de poner en letras sus anhelos. "Se me desalienta el amor a la belleza, más cada día, por hacérseme la belleza cada día más imposible", escribió en 1961 a Antonio García-Molina (6).

Nunca pudo olvidar sus penas. Murió en Barcelona, el último día de 1972 sin haber alcanzado la Belleza.
Fenoll no publicó ningún libro, pero dejó un buen número de poemas apreciables desperdigados en publicaciones olvidadas. En 1978 su amigo Manuel Molina editó Canto encadenado, una antología realizada a partir de las composiciones que pudo reunir.
Su formación literaria no fue muy distinta de la de Hernández(7), y sus poemas juveniles mezclan tardíos resabios románticos y modernistas, previsibles y manidos clichés literarios y mucho ripio de versificador ágil. A partir de la experiencia literaria de Silbo, va apa¬reciendo el mejor Fenoll, que transita ya por mundos más íntimos y a veces incluso perturbadores. Por eso, a un hombre de obra tan breve no se le haría justicia literaria mostrando su poesía completa, pues el peso de las composiciones iniciales desequilibraría lamentablemente el juicio que sobre el poeta pudiéramos establecer. Una selección crítica de aquellas, junto a lo mejor de su madurez, nos devolvería el interés por un poeta hoy silenciado(8).


NOTAS
1).- 30 de diciembre 1929
2).-Carta a Vicente Ramos de 11 de diciembre de 1946, en "Evocación de Carlos Fenoll (Carta ajosé Luis Zerón Huguet)", La Lucerna, n.° 41 (diciembre 1995), pp. 20-21.
3).-Carta de 26 de febrero de 1952, ¡bíd., p. 21.
4).- Ib id, p. 21.
5).-Cada de Miguel Hernández a Carlos Fenoll de febrero de 1936.
6).-Carta de 1 de agosto de 1961, en "Carta inédita de Carlos Fenoll a Antonio García- Molina", La Lucerna, cit., p. 12.
7).-José Ruiz Cases, "Sesea", ha publicado una carta inédita de Miguel Hernández y Carlos Fenoll dirigida a Justo García Morales, procedente del legado de Justo García Soriano. Está fechada en Orihuela el 6 de marzo de 1930 y resulta interesante porque revela cuáles eran por estas fechas sus intereses literarios: "Nos aconsejas debemos leer a Vicente Medina, Salvador Rueda, Villaespesa, Rubén Darío, Espronceda y el gran autor de las Rimas; nosotros hemos leído escasas composiciones de todos los autores pero no obstante haberlos estudiado poco, somos fervientes admiradores de los indicados y, además, de Núñez de Arce, Campoamor, Gabriel y Galán y Zorrilla". Vid. Una aproximación a Justo García Soriano. Con pecho de acero, Orihuela, Ecotonner Impresores, 2009, p. 115.
8).-Vid. María Dolores García Selma. Carlos Fenol!: Vida y obra, Alicante, Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, 2000. También Vicente Ramos, Literatura alicantina..., cit., pp. 266-271; José Guillén García y José Muñoz Garrigós, Antología..., cit., pp. 179- 192. Un retrato del hombre y del poeta Carlos Fenoll, trazado con extraordinaria lucidez, puede leerse en José Luis Zerón Huguet, "El sino encadenado", La Lucerna, n.° 41 (diciembre 1995), pp. 24-25. Y, en general, todo ese mismo "Número dedicado 3 Carlos Fenoll".

---------Tomado de........
(Fragmento del artículo de José Antonio Torregrosa Díaz, titulado "La literatura en la Orihuela de Migue Hernández" 2011 pp.244-247)

viernes, 2 de marzo de 2012

Carlos reportero de guerra en la revolución de octubre de Barcelona 1934


(Publicado en “El Día”, Alicante, lunes siete de octubre de 1935). (Archivo del Centro de Investigación de Vicente Ramos en Guardamar del Segura, Ayuntamiento)



Hace un año…
(Algunos de mis recuerdos de la revolución en Barcelona) [revolución de octubre de 1934]

EN MEMORIA DE LOS SOLDADOS MUERTOS EN LAS CALLES DE BARCELONA HACE UN AÑO, BAJO LA METRALLA REVOLUCIONARIA

Bajo el honroso uniforme Intendencia militar española, tuve la suerte de intervenir en la represión a la avalancha revolucionaria de octubre de 1934, en Barcelona.
Digo que tuve la suerte porque así es, ya que toda la tropa se ofrecía expontáneamente a salir a la calle; prueba de ello es que decía un jefe: “dos individuos para escoltar un coche", y acudían en el acto, precisamente, dieciséis, mosquetón en ristre y la ansiedad de los ojos. Había que tener suerte para salir a la calle a romperle la crisma al primer revolucionario que se pusiera por delante. ¿Nos da una idea esto del espíritu que animaba a todos? Era la patria que estaba en peligro. Y quien piensa otra cosa de a tropa, quien en ella no vea la realidad de ese espíritu, se engaña lamentablemente yo se lo aseguro. Por lo pronto ahí tienen esa prueba.
Corría un antiguo gris, sucio en los días de la revolución, a tono con las tristeza del ambiente, gris de plomo criminal, de metralla lanzada salvajemente desde azoteas y ventana a la tropa que ocupaba la calle y que no encontraba, a veces, ni un soportal, donde guarecerse de la ventaja de aquellos que estaba entre muros.
Lucha desigual. Tiempo gris que se infiltraba en todo ponía su tristeza, su peadez… tablero de ametralladoras, a intervalos de dos minutos, descarga cerradas de fusiles; y continuamente, disparos sueltos. Este era el programa permanente.
No se puede saber quién fue el misterioso individuo que en el Parque de la Ciudadela, y cerca de su parque zoológico, estuvo haciendo disparos sueltos durante tres días y tres noches. Todas la batidas fueron inútiles una verdadera intriga. Una cosa así como el caso pintoresco del duende de Zaragoza.
Mi servicio de arma se limitaba a ir, cómodamente, aunque muy expuesto, sobre un camión de transportes militares, custodiando utensilios destinados al castillo de Montjuich. Éramos sobre cada camión ocho individuos más el chófer, su ayudante, un sargento y un cabo.

(El Ejército salió a la calle Barcelona 7 de octubre de 1934)



La primera vez que salí sobre un camión de éstos las pasé muy amargas. Y cuando íbamos paseo de Colón arriba, y en la misma puerta de Capitanía general, me metió en aprensión un cochecito de turismo que vi. Estaba empotrado sobre la acera, el radiador y los guardabarros destrozados. Supe: que se había estrellado él mismo al perder e dominio de chófer; este había caído mortalmente herido de un tiro en el corazón. El parabrisas, en efecto, estaba perforado, materialmente, a la altura del pecho del conductor. Sentía como un respingo en la sangre. “¡Mi madre política1!” –dije en son de broma-. Y tragué saliva dificultosamente… Adelante. Detonaban los motores, como demonios. Mirando hacia atrás, pues yo ocupaba el segundo camión de cabeza tuve la impresión de que los otros se habían transformado en monstruosos erizo. Los mosquetones sobresalían de ellos y revistaban atentos todas la fachadas, donde algún susto que otro a los curiosos que se asomaban tras de los cristales de sus balcones, a la vista de todos los cañones apuntando desaparecían como por encanto. Como tocados por un resorte…
Una vez arriba de la fortaleza de Monjuich, nos llamó un soldado de otro cuerpo la atención: “Mirad”, dijo, y señaló con el brazo extendido una enrome columna de humo negrísimo: estaban ardiendo allá abajo, en el muelle de la Barceloneta, frente a la plaza de palacio, dos almacenes de no sé qué.
Cuando regresábamos a toda marcha hacia el cuartel, precisamente hacia estos almacenes siniestrados, nuestro camión se paró. Instantáneamente se formó un tiroteo infernal. Nosotros preguntamos al chófer, con la angustia que es de suponer: “Chacho, ¡no anda esto? ¡Que nos asan! “Él asomó un poco la cabeza por la mirilla de atrás y gesticulando y gritando, tal era el ruido de la metralleta, nos dio a entender que el motor se había estropeado.
-¡Dios mío, que “ensalá”! exclamó uno de Pozo-hondo. Disparamos como fieras. ¿A quien? No sabemos. A las ventanas, a las azoteas, desesperadamente. El ayudante, el sargento, el cabo guardaban “la pelleja” al chófer. Mientras éste manipulaba nerviosamente. Cuando lo sentimos conmoverse, nos invadió una risa extraña, convulsiva. ¡Era risa o llanto? Las dos cosas. Íbamos a volar de una muerte segura. ¿Y como es que no habíamos muerto ninguno todavía?...

Pero este es mi recuerdo más sagrado: el del entierro de los soldados que cayeron en aras del deber de la patria, victimas de los que intentaron hundirla. En Intendencia adquirimos: una precocidad y monumental corona fúnebre. Lazos begros y nacionales. Yo asistí. ¿Con qué emoción y con qué respeto se presenció el desfile de los féretros por las calles de la urbe!
Yo iba pensando que nuestra corona era como un abrazo a los hermanos muertos. Ofrenda de flores en apretado cerco a los que habían caído en la edad florida, en cumplimento de s deber.
También pensaba si tendrían novia. Yo pensaba en la mía al mismo tiempo.


....................Nota histótica.........
En Barcelona, el gobierno de la Generalidad de Cataluña presidido por Lluís Companys, de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), proclama el Estado Catalán dentro de una República Federal Española, en la noche del 6 al 7 de octubre 1934.
Este hecho provocó la proclamación del estado de guerra y la intervención del Ejército, mandado por el general Domingo Batet, que domina rápidamente la situación después de algunas luchas, en las que mueren unas 40 personas, la detención de Companys y la huida de Dencás, quien marcha a Francia. La autonomía catalana fue suspendida por el Gobierno y la Generalidad de Cataluña se sustituyó por un Consell de la Generalitat designado por el Gobierno, en el que participaron diferentes dirigentes de la Lliga Regionalista de Cataluña y el Partido Republicano Radical. También fue detenido Azaña, que se encontraba casualmente en Barcelona para asistir a los funerales del que fuera ministro de su gabinete Jaume Carner.

Respuesta de Carlos a una petición de Manolo Molina

Cuando se iban a cumplir los 10 años de la muerte de MH. Manuel Molina y Vicente Ramos le solicitaron unas cuartillas acerca de su relación con Hernández.


"Querido Manolo: Acabo de llegar del trabajo — tres de la tarde— y de leer tu carta, la que renueva en mi espíritu y en mi conciencia la inquietud que me produjo la de Vicente Ramos, que contesté hace dos días en sentido negativo respecto a la propuesta de escribir mis recuerdos de Miguel, negativa involuntaria, dolorosa, pues intenté hacerlo repetidas veces hasta que desistí, desalentado, al fin. Me encontré inexpresivo, impotente para superar una cierta depresión moral que subsiste.
Ahora tu carta renueva, como te digo, el enorme deseo de corresponder con mi grano de arena a esta empresa en pro de la mayor gloria de nuestro Miguel y el enorme temor de no hacer una cosa digna de él. Os pido un plazo de diez días para intentarlo de nuevo, al cabo del cual —el día diez de marzo —, si no ha llegado a vuestras manos mi trabajo, ya no lo esperéis, porque no habré podido hacerlo a pesar de todo (...) Te repito, Manolo, que voy a hacer lo posible por escribir ese prólogo. Me remordería siempre la conciencia, si no lo hiciera, pero me atengo a lo del plazo, porque... ¿Y si no me gusta?
Ya está completamente resuelto en mi ánimo que no escribiré lo de Miguelillo. No sé encontrar la expresividad, el colorido necesario para vivificar los recuerdos. Posiblemente, algún día, atraído aún más que ahora —más perspectiva— por el grandioso tema, silenciosa, emocionadamente, escriba mucho sobre su vida y la mía para dejar constancia firme y verdadera de lo que fue y fui yo para él y con él en la tierra (...) Pocos días faltan ya para que se cumplan diez años de la muerte de Miguel. El día 28 está muy cerca. Es una fecha que acapara todo mi interés. En ella culmina la verdad de una vida. Porque sólo es verdad aquello que puede conducirnos a una muerte sencilla; aquello que puede ser descrito cabalmente por una muerte aceptada con serenidad y largamente presentida".

(Barcelona, marzo de 1952).

Publicada en el libro "Miguel Hernández en Alicante", de Vicente Ramos y Manuel Molina Colección Ifach 1976 pp.154-156

IN MEMORIAM


(Orihuela al pie de la sierra de la Muela)

Carlos Fenoll merece no sólo que se investigue y estudie su obra literaria, sino que se le rinda el homenaje debido a su indudable importancia en las letras alicantinas. Mas, ahora, dediquémosle un cariñoso recuerdo, partiendo de una de sus cartas, en la que me decía: «Y cómo vuela el vuelo del tiempo, Vicente».
Y digo que no vuela tanto, querido Carlos, como para que nos aleje de ese río de cordialidades que fue nuestra amistad, ya que el espíritu es superior al tiempo. Por eso —y ya me dirijo a ti, Carlos, como si pudieras escucharme o leerme—, quiero decir una vez más que tus sentimientos eran siempre tan luminosos que la vida se acogía a ellos y, en ellos, se transfiguraba en fruto. Y, en éste, perduramos.
Recuerdo una tarde con cálida luz de abril. Las calles silenciosas de tu Orihuela se desmayaban, agobiadas por un intenso amor de primavera. El cielo era un vastísimo horizonte azul perfecto, impasible, eterno. Los jardines, solitarios, se embriagaban con el vino que derramaba su propia y caudalosa belleza. Y nosotros —tú, Manolo Molina y yo— paseábamos como aturdidos. Apenas si podíamos pronunciar palabra alguna. ¿Cómo hablar —pregunto— si toda nuestra alma estaba cuajada de la tristeza que nos dejó el hermano muerto?

Hay algo en Orihuela que jamás comprenderemos. Así nos ocurre también con sus hijos, ardidos en un fuego inconcebible: Ramón, Miguel, Gabriel, tú... unidos ya en lo eterno. Y fuiste tú, Carlos, quien impulsaste esa trilogía solar que te ha precedido en la muerte. A ellos ofreciste el corazón, horno encendido al máximo de generosidades. Y tú fuiste la llama que mantuvo aquel singularísimo lar, y lo hiciste con tan suprema elegancia que muy pocos repararon lo suficiente en la grandeza de tu luz. Los más casi te desconocieron, casi te olvidaron, al saberte lejos, mientras tu ciudad, tu Orihuelica, seguía año tras año ahogándose en perfumes y en indiferencias...

Tu impulso espiritual se trocó en semilla fecunda. Y ha de llegar el día que toda Oleza sea un bosque de llamas, consagrado a vosotros, los que esculpisteis su nombre en páginas inmortales; los que, por ella, habéis gozado de todos los júbilos de un pueblo en resurrección y, de igual modo, sufrido esa larga noche de los agonizantes.

Recuerdo tu pena, tu pena que era la misma que destruyó a Ramón, a Miguel y a Gabriel, y aquí hago memoria también de la esperanza que alumbró tu vida: «Y yo voy gozoso —me dijiste—, irresistiblemente, hacia todas las bellas cosas eternas con la admiración y el entusiasmo invencible de los que vuelven del infierno».
Ya has partido, Carlos Fenoll; ya estás de nuevo con tus compañeros del alma. Aquí has dejado tu voz, tu palabra inmortal, la huella de tu penada vida, el amor que sembraste en tus amigos que jamás te olvidaremos. Descansa en paz.

VICENTE RAMOS
(«Idealidad», Enero, 1973)

jueves, 1 de marzo de 2012

"De hoy para mañana" poema de Carlos en el frente deToledo, marzo de 1939



Para situar a Carlos y a sus amigos en "Casa Aliman" (hoy no existe con este nombre), debemos buscar el frente de Toledo en los años 1939, y vemos que la línea estaba a escasos kilómetros al Este de Toledo, posiblemente estuvieran controlando el paso de la carretera N-400, por Santa María de Berenquecia.


(Recuerdo: En un cortijo desconocido
«Casa de Aliman, enclavado en un inmenso
campo, relativamente cerca de Toledo,
nos reunimos una mañana, cuatro desperdigados
hijos de Orihuela: ]os< Sánchez Hernández,
Manuel Soler (tolo, Antonio Romero y yo, Carlos Fenoll.)



Mis paisanos amigos, voces puras
de la oriolana lengua,
que es castellana y suena a Andalucía
por la «ese» heredada de Valencia;
a través de la sangre y de la muerte
clamorosa y gloriosa de la guerra,
y después de avanzar, por largo tiempo,
por cien rutas distintas y diversas,
se encontraron y unieron fuertemente,
con íntima fruición, las manos nuestras,
y fue aquí, donde el trigo
crece en mares de tierra
y el olivo se duerme en su abundancia
reluciente y soberbia.
¡Fue aquí, bajo los cielos
de Castilla la Nueva!

¡Qué ramos de pasión y de añoranza
se abrieron en mi pecho! Es Orihuela,
es la savia y la vida y la alegría
de la patria magnífica y pequeña,
la que toma calor, color y forma,
la que siento, amo y veo en vuestra lengua.

Es San Miguel, el río, el Rabaloche,
es mi Antoñín, mi esposa, dulce hija
de Ascensión «la Valera»;
es el Zara y el Cura, y el Lorente,
y las ermitas de las carreteras;
es todo esto, típico y querido,
embellecido todo por la ausencia
lo que han traído vuestras voces puras
a mi pobre cabeza...
Mis paisanos amigos, ¡yo os abrazo
con mi espíritu en fiesta!

(Toledo, marzo de 1939)

XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona de 1952



A finales de mayo del 52 Carlos asistió al Congreso Eucarístico de Barcelona “entre millares de peregrino del todo el mundo”. Se refiere al XXXV Congreso Eucarístico Internacional celebrado 25 de mayo al 1 de junio de 1952. El 27 de mayo Barcelona esperó al Legado Pontificio, Cardenal Tedeschini, recibiéndole como si del mismo Papa se tratara. Una incontable multitud se concentró desde la Plaza de la Paz hasta la Catedral, donde se declaró inaugurado el Congreso con la asistencia, por supuesto de Francisco Franco, en una España que era católica, romana y franquista.

En ocasión de este congreso Franco concedió cientos de indultos a presos políticos, incluído a miembros de la guerrilla o maquis detenidos, que no tenían delitos de sangre o se habñian entregado. La guerrilla también llamado bandolerismo del XX acabó en enero de 1952 con la muerte por la Guardia Civil de "El Lomas" (Antonio Sánchez Martín) en el paraje Comendaor de Frigiliana (Málaga). (Ver mi trabajo "La Frigiliana Mágica".

Poema a José Sánchez Hernández

Espera, pues, mi canto,
Pepito, José.
Soy un gran «maganto»,
mas no tardaré.
Reparte entretanto
tres abrazos, tres:
dos entre tus hijas
y uno a tu mujer
de mi esposa y míos…
que, entonces son seis
No, no, que son ocho
Contando también
Los dos para ti.
Consumatum est. Carlos (1970)

José Sanchez Hernández es natural de Orihuela, al que ha había conocido en marzo de 1939 en Toledo durante la guerra, mantuvieron correspondencia durante varios años.