También nos preguntas que tal nos parecen tus versos y artículos publicadas [sic] en «El Pueblo» nostros [sic] creemos que] llegarás a adquirir gran personalidad literaria.
Si és en el próximo número «del Pueblo» dó [sic] va a aparecer uno de tus artículos que ya en la carta nos citas, también en él verás alguna composición nuestra. Estamos ansiosos por conocer los artículos.
Nos dices que te has hecho socio del «Ateneo de
festividad de S.José [,] fecha en que celebra el «Sindicato Católico» una velada literaria,nos ha invitado el presidente para recitar en ella unas poesias: ya te enterarás en el número correspondiente a aquella semana si salimos airosos de nuestro cometido.
Con un abrazo sincero te saludan tus amigos
Carlos Fenoli Miguel Hernández
Orihuela, 6 de marzo 1930 enviad a Madrid.
Justo García Morales (1914-1998), hijo del escritor y bibliotecario Justo García Soriano, y siguió los pasos de su padre como bibliotecario de y bibliógrafo en la Biblioteca Nacional de España. Fue republicano y sufrió una herida en un barzo en la batalla de Teruel (notas de Jesucristo Riqueleme)
NOTAS
(Carta encontrada por José Ruiz Cases "Sesca")
La carta se halla completa en las páginas 150 a 152, de Miguel Hernández, Obra Exenta, estudio, recopilación y dictámenes de Jesuscristo Riquelme. editorial Edaf, 2012.
Es necesario en este centenario (1912-2012) recopilar la obra dispersa del inmortal poeta oriolano, como así cuantos artículos, reseñas, oponiones y comentarios se han publicado sobre él. Esta es ocasión única para recoger inéditos. Y reclamar la publicación de sus Obras Completas. Somos fenollianos. Portal dirigido por Ramón Fernández Palmeral.
Carlos Fenoll, por Palmeral 2012
martes, 25 de diciembre de 2012
martes, 11 de diciembre de 2012
Manuel Molina con Carlos Fenoll y Jesús Poveda en la casa de Vicente Aleixandre en Madrid
(Fotografía de Vicente Aleixandre (Premio Nobel de Literatura) con dedicatoria a Miguel)
Manuel Molina estuvo con Carlos Fenoll y Jesús Poveda en la casa de Vicente Aleixandre en la Navidad de 1936, según carta de Vicente fechada en 1952. Los tres amigos se encontraron en Madrid en la guerra civil, y por indicación de Miguel Hernández fueron a visitar a Vicente Aleixandre que, por entonces no vivía en la calle Velintonia,3; sino en calle Españoleto 16, casa de su tío Agustín.
Leamos el texto de Cecilio Alonso: (2)
Durante la guerra civil hubo otros encuentros. El primero en el Madrid cercado, diciembre de 1936, en la sede de la Alianza de Intelectuales, en compañía de Carlos Fenoll y Jesús Poveda como consta en testimonios epistolares de Vicente Aleixandre a quien los tres visitaron en aquella ocasión en su casa de la calle Españólete 16: (1)
"Somos los mismos que aquellos días nos vimos, días que valieron por años y sangre que valió por torrentes. ¿Te acuerdas del vinillo que nos tomábamos en aquel día de Navidad? Tú [Manuel Molina] con tus 18 años y los simpatiquísimos Fenoll y Poveda un poco mayores que tú, con sus veintitantos. De toda aquella larga temporada es uno de los recuerdos más puros que tengo. Luego Miguel vino muchas veces, mi gran Miguel que era como un hermano chico para mí, y me habló de vosotros..."
(1)
(Carta de Vicente Aleixandre a Manuel Molina de 29 de febrero 1952 (Archivo de Maruja Varó)
(2)
Texto tomado del artículo "Miguel Hernández y Manuel Molina, una amistad en dos tiempos" de Cecilio Alonso, publicado en la revista AUCA, Revista Literaria y Artística nº 21, marzo de 2011. pp 41-44
Manuel Molina estuvo con Carlos Fenoll y Jesús Poveda en la casa de Vicente Aleixandre en la Navidad de 1936, según carta de Vicente fechada en 1952. Los tres amigos se encontraron en Madrid en la guerra civil, y por indicación de Miguel Hernández fueron a visitar a Vicente Aleixandre que, por entonces no vivía en la calle Velintonia,3; sino en calle Españoleto 16, casa de su tío Agustín.
Leamos el texto de Cecilio Alonso: (2)
Durante la guerra civil hubo otros encuentros. El primero en el Madrid cercado, diciembre de 1936, en la sede de la Alianza de Intelectuales, en compañía de Carlos Fenoll y Jesús Poveda como consta en testimonios epistolares de Vicente Aleixandre a quien los tres visitaron en aquella ocasión en su casa de la calle Españólete 16: (1)
"Somos los mismos que aquellos días nos vimos, días que valieron por años y sangre que valió por torrentes. ¿Te acuerdas del vinillo que nos tomábamos en aquel día de Navidad? Tú [Manuel Molina] con tus 18 años y los simpatiquísimos Fenoll y Poveda un poco mayores que tú, con sus veintitantos. De toda aquella larga temporada es uno de los recuerdos más puros que tengo. Luego Miguel vino muchas veces, mi gran Miguel que era como un hermano chico para mí, y me habló de vosotros..."
(1)
(Carta de Vicente Aleixandre a Manuel Molina de 29 de febrero 1952 (Archivo de Maruja Varó)
(2)
Texto tomado del artículo "Miguel Hernández y Manuel Molina, una amistad en dos tiempos" de Cecilio Alonso, publicado en la revista AUCA, Revista Literaria y Artística nº 21, marzo de 2011. pp 41-44
viernes, 7 de diciembre de 2012
Comentario de José Luis García Herrera. Antología Comentada de Carlos Fenoll

He tenido (o tuve) la inmensa fortuna de que el poeta oriolano José Luis Zerón Huguet haya contado con mi modesta colaboración en la antología comentada del poeta Carlos Fenoll, amigo de Miguel Hernández,
panadero y en cuya tahona se celebraban las conocidas tertulias de
aquellos jóvenes poetas que dinamizaron la vida literaria de Orihuela en
los primeros años de la década de los treinta.
La edición ha ido al cuidado de mi buen amigo, del excelente poeta, José Luis Zerón Huguet.
Suya es la idea de llevar a cabo una antología con un enfoque
diferente. Esto es, que un nutrido grupo de escritores (oriolanos o
vinculados a Orihuela) plasme su visión personal sobre uno de los poemas
más representativos de la obra de Carlos Fenoll. Surge, por
tanto, una antología de mirada caleidoscópica, que aborda la figura y la
obra del poeta desde ángulos muy distintos, desde prismas que centran
su análisis en aspectos métricos y formarles, desde posiciones que
abogan por un acercamiento a través de las emociones que los poemas
provocan tras una atenta lectura..
Zerón Huguet, en el prólogo del libro (en la Justificación), nos muestra a Carlos Fenoll
de una manera muy real, muy cercana. No trata, y se agradece que así
sea, de mitificar al poeta, de colocarlo en un plano idílico que no
corresponde. Todo lo contrario, nos acerca al hombre, al poeta que vive
con sus conflictos personales, con sus deseos y sus carencias, con la
aceptación de sus limitaciones. De esta manera se comprende mejor, se
entiende perfectamente, la trayectoria vital y literaria de Fenoll. El
análisis literario y humano de Zerón Huguet demuestra su
conocimiento sobre el poeta, sobre la época que vivió, sobre las
circunstancias que llevan a que su trayectoria creadora tenga altibajos y
contradicciones. Los escritores José Antonio Torregrosa Díaz y Luis Mariano Abad Merino trazan, y complementan las palabras de Zerón Huguet, unos apuntes biográficos que amplían la faceta humana de este poeta que compartió -y alentó- la aventura poética de Miguel Hernández.
Con esta antología se cierra la celebración del centenario del
nacimiento de Carlos Fenoll. Una obra elaborada con mucho y cuidado por
parte de José Luis Zerón Huguet y con una altísima calidad en los
análisis y comentarios por parte de todos los colaboradores: Luis
Mariano Abad Merino, Ramón Bascuñana, José Francisco Blas Sánchez,
Javier Catalán, Alberto Chessa, Atanasio Díe Marín, José Antonio
Fernández, Roberto Fernández, José Luis García Herrera, Manuel García
Pérez, Álvaro Giménez García, Antonio Gracia, Joaquín Juan Penalva,
Aitor L. Larrabide, Mateo Marco Amorós, Fulgencio Martínez López,
Santiago Montobbio, José Antonio Muñoz Grau, Luisa Pastor, Antonio
Peñalver Ortega, José María Piñeiro, Javier Puig, Pepe Rayos, José Luis
Rayos, José Ruiz Cases, Eva Ruiz García, José Antonio Sáez Fernández,
Fernando Sánchez Guzmán, Pascuala Sandoval, Engracia Sigüenza Pacheco,
Ada Soriano, José Antonio Torregrosa Díaz.
PRIMEROS VERSOS PARA MAGDA
Corona de los viejos son los hijos de los hijos.
(Proverbio 17-6)
¡Niña, como yo quería!
al fin el buen Dios me ha hecho
el don de hacerte venir
de los huesos de mis huesos.
Que mi edificio de amor
estaba triste, incompleto,
sin una golondrinita
que hiciera el nido en su alero.
Niña y trigueña, y bonita,
de brujos ojitos negros
y manecitas de seda
que imantan la luz del beso:
si está dormida son como
dos florecitas sin viento,
despierta, son mariposas
de un vivo y dulce aleteo.
¡Niña, mi nieta, qué bella
realidad de mi deseo!
Corona viva eres tú,
guapa, de mis años viejos,
luz nueva en mi corazón,
nueva pasión de mis versos.
Blog de José Luis García Herrera
lunes, 3 de diciembre de 2012
jueves, 29 de noviembre de 2012
“Entre col y col, Fenoll (Orihuela,1912 – Barcelona, 1972)” de Sesca
El
día 22 del corriente mes de noviembre, jueves de este otoño placentero,
se presentó en La Lonja una “Antología comentada de Carlos Fenoll” en
edición de José Luis Zerón.
El acto se circunscribe en ese otoño hernandiano ya clásico pero no
rancio. A diferencia de pasadas ediciones, el de este año ha orbitado
en el rescate, a través de su obra, de un hombre y un nombre, Carlos
Fenoll.
Ligado de una forma especial a Miguel Hernández –en opinión de Ramón Pérez Alvarez es su precursor, valedor, y su paño de lágrimas-
la Antología, como indica el término, espiga una serie de poemas -26-
comentados o glosados por otras tantas firmas, significadas y
representativas del mundo literario local en su mayoría, que no
localista. Con este procedimiento, el lector conoce la vida y obra de
Fenoll en tres dimensiones: directamente a través del poeta; por la
impresión subjetiva de la lectura directa; y por la glosa ajena. El
efecto es genuinamente sorprendente y enriquecedor; el resultado, un
Carlos Fenoll casi irreconocible en su generoso e inteligente
reconocimiento.
Particularmente me ha complacido esta
edición. Recuperar el contexto del plantel de nombres y hombres
oriolanos, injertos y asociados en la creación artística y cuyo máximo
exponente reconocemos en Miguel Hernández, era una asignatura
pendiente. Espero y confío que el método se aplique a otros
“instigadores” contemporáneos de Miguel, como Augusto Pescador, Jesús
Poveda, Ramón Pérez Alvarez, Antonio Sequeros, Paco Salinas, los
hermanos Gaos, Francisco Pina etc. por el lado digamos izquierdoso,
y a otros autores escorados a la derecha como Gabriel Miró, el obispo
Almarcha, Adolfo Lizón Gadea, Ramón y Gabriel Sijé, Tomás López Galindo,
Pepe Sarget, Joaquín Más Nieves, José Guillén y otros. Conocer, con la
complicidad de la actual pléyade creadora local, a nuestra generación
anterior, es un doble lujo, por cuanto supone rescatarlos a hombros –voz
y pluma- de, si no los mejores, sí solventes costaleros.
Pero creo también que ha llegado el
momento de empezar a mirar al presente, si no queremos ser fagocitados
por el pasado, y quedar relegados a meras comparsas del mismo. Basta
mirar la nómina –incompleta, por supuesto- de los colaboradores de esta Antología comentada de Carlos Fenoll-
para percatarse del gran momento actual creativo de la generación
actual, de sus posibilidades, y de sus frustraciones ante los
imponderables para publicar con dignidad.
Para esta generación, tan prolífica en
cantidad y calidad como huérfana a veces de recursos, reclamo el
reconocimiento debido y la posibilidad de edición y publicación. Hay
que empezar a invertir la tendencia y, sin desmerecer a los muertos vivientes del pasado, apoyar a los vivos moribundos
del presente. Sin romper con nada, a la autoridad incuestionable del
nombre pasado hay que yuxtaponer o interponer –que no oponer- el nombre
del creado actual en todas las disciplinas. Si hasta ahora se ha venido
editando preferentemente pasado, es necesario editar presente: o como
dice el refrán, plantar entre dos coles del presente, una lechuga del
pasado.
No sé cuánto tiempo ni cómo regirá el
Ayuntamiento este equipo de centro-izquierda. Pero sería deseable que
pusiera y dejara ejemplarmente a disposición de los ciudadanos un
procedimiento de acceso a la ayuda a la creación en función de la
condición única de ciudadano, sin etiqueta alguna, y del valor objetivo
de la obra creada, sin cortapisa ideológica alguna. Sentar un
precedente por el que ninguna potencia creadora se humille –para su
manifestación tangible- a poder ninguno, se llame este como se llame, o
lo ostente quien lo ostente.
Dicho esto, solo me queda felicitar a cuantos han acometido y realizado esta Antología, inicio de una prometedora Memoria literaria de Orihuela,
de un pasado cuyo concepto no tiene por qué fosilizarse en el tiempo.
El grano sembrado está crecido; la espiga recogida es ya presente
eucaristía desbordada; la artesa poética –la de Fenoll y la de tantos-
ofrece panes como versos, y versos como panes. La comunión
–común unión- del pasado y presente es función de liturgia
preferentemente actual. Si no potenciamos el presente, careceremos de
futuro. Reclamando su presente, yo voto por un espléndido porvenir para
los creadores de Oleza.
Tomado del blog:
Muñoz Grau /El portó de Numan
Tomado del blog:
Muñoz Grau /El portó de Numan
martes, 27 de noviembre de 2012
Biografía de Carlos Fenoll, por José Antonio Torregrosa
CARLOS FENOLL: LA
BELLEZA IMPOSIBLE (APUNTES BIOGRÁFICOS)
Un inquieto
-de vida y horizontes- es este poeta, pariente de Eduardo Poe, gran melancólico
y bella flor de artesanía. Aquí os lo presento, enlutado, rondador y bohemio.
Ramón
Sijé, 1932
Carlos Fenoll
Felices nació el 8 de agosto de 1912 en Orihuela, en la calle de San Juan, muy
cerca del convento del mismo nombre. Fue hijo de José Antonio Fenoll y María
Monserrate Felices, panaderos. El matrimonio engendró trece hijos, pero la
muerte prematura de varios de ellos convirtió a Carlos -que era el tercero en
orden- en el mayor de todos.
Carlos acudió
al colegio solo hasta los doce años. El recuerdo de su infancia en la que fue
su calle primera, lo reflejó pronto en un poema de 1930, en que evoca “El
campanario de San Juan”.
Bello
emblema del amor de aquellos días
en
que la dulce infancia
llenaba
de armonías y de risas
al
timbre primordial de mi garganta.
En 1927 la
familia se traslada a la calle de Arriba, número 5, calle ancha de vecindario
humilde, para instalar allí la panadería. Por esos años parece que una
desmedida afición a los toros llevó a Carlos más de una vez, en la plaza de
Orihuela, a lanzarse al ruedo como espontáneo, chaqueta en mano, con la
consiguiente detención y multa.
En 1929 se producen en la vida de Carlos
Fenoll varios hechos trascendentales. Ese año muere su padre, con solo cuarenta
y dos años de edad, y Carlos ha de ponerse al frente del negocio familiar. Por
entonces el joven Fenoll es lector asiduo del ABC y se acerca con interés a la
literatura a través de los folletones por entregas -llenos de intrigas
apasionadas- y de los poetas entonces más populares. Por otra parte, cultivaba,
como lo había hecho su padre, la habilidad para repentizar versos y recitar
estrofas improvisadas, lo que se conoce como trovero, cualidad que llegó a poner al servicio de diferentes
empresas y marcas comerciales, las cuales, mediante sonoras rimas, publicitaban
sus productos en las revistas oriolanas de la época.
Su inclinación
hacia la poesía le lleva, desde los diecisiete años, a publicar asiduamente en
algunas de las revistas locales, sobre todo en Actualidad, a la que accedió gracias a su amigo Jesús Poveda, quien
trabajaba en el despacho del abogado Tomás López Galindo, responsable de la
publicación. Poveda recordaba así a Fenoll:
Yo conocí a
Carlos cuando a este solo le apasionaban tres cosas: la poesía, el cante jondo
y el vino de taberna. Cantaba el flamenco clásico con verdadero gusto, como un
profesional, aunque no le ayudaba mucho su voz, un poco ronca.
También en
1929, si no antes, inicia su amistad con
Miguel Hernández, un joven casi dos años mayor que él y con el que compartirá
inquietudes poéticas y vivencias de la edad. Como Carlos, Miguel había nacido
en la calle de San Juan, pero desde niño vive al final de la calle de Arriba y
se dedica al pastoreo. En El Pueblo de
Orihuela, Fenoll le dedica, en diciembre, el poema La Sonata pastoril: “A Miguel Hernández, el pastor que en la paz y el
silencio de la hermosa y fecunda huerta Oriolana, canta las estrofas que le
inspira su propio corazón”. Se trata casi de una presentación en sociedad, pues
un mes después, en enero de 1930 y en el mismo medio, ve la luz el primer poema
publicado de Hernández: Pastoril. La
formación de Carlos Fenoll y de Miguel Hernández tiene bases similares. A falta
de una enseñanza o guía reglada, proviene de la intuición y de consejos de
amigos autorizados, y se asienta en las lecturas más popularizadas y
accesibles. Una carta firmada por los dos en marzo de 1930, dirigida a Justo
García Morales, que estudiaba en Madrid, revela cuáles eran por estas fechas
los intereses literarios de ambos:
Nos aconsejas
debemos leer a Vicente Medina, Salvador Rueda, Villaespesa, Rubén Darío,
Espronceda y el gran autor de las Rimas; nosotros hemos leído escasas
composiciones de todos los autores pero no obstante haberlos estudiado poco,
somos fervientes admiradores de los indicados y, además, de Núñez de Arce,
Campoamor, Gabriel y Galán y Zorrilla.
Y enseguida
vendrían Juan Ramón Jiménez y Gabriel Miró. Además, tanto Fenoll como Hernández comenzaron a
publicar en los mismos medios conservadores del momento: Actualidad, El Pueblo de Orihuela y las
revistas inspiradas por Pepito Marín -Ramón Sijé-: Voluntad y Destellos. Los
poemas juveniles de Fenoll mezclan tardíos resabios románticos y modernistas,
previsibles y manidos clichés literarios y mucho ripio de versificador ágil.
Los primeros
años treinta fueron en la vida de Fenoll momentos de camaradería, de vivencias
intensas, de ilusiones, de inquietudes y estímulos. En los momentos iniciales
de este grupo de amigos -Hernández, Fenoll, Poveda, Sijé- todos hubieran
apostado por Carlos Fenoll como aquel en quien se veía fluir la vena poética de
manera más natural y quien antes podría conseguir logros importantes.
Diferentes testimonios nos han llegado acerca de las reuniones de estos jóvenes
en la Panadería
de Fenoll. Algunos hacen a la tahona centro de muy densas y organizadas
tertulias literarias en las que se leían poemas, se repentizaban versos, se preparaban
proyectos... Quizá haya una idealización de lo que realmente debió de ser lugar
de encuentro propicio para sus experiencias juveniles y, por supuesto, para
fomentar sus ilusiones literarias. El problema está en concederle al hecho una
consolidación y una continuidad que no debió de tener. De la misma manera
parece exagerado etiquetar como generación
literaria a unos jóvenes que entonces tenían una muy escasa obra y ningún
libro publicado.
Entre 1933 y
1934 se halla Fenoll en Barcelona haciendo el servicio militar y participa
activamente en la represión de los sucesos revolucionarios de octubre de 1934
en la ciudad condal. A su vuelta de Barcelona se casa con su novia Ascensión
Ávila. Esta relación ha de remontarse, quizá, al verano de 1930, fecha en que
dedica a la joven, nombrándola solo con sus iniciales, el poema “Levantina”: “A
la señorita A[scención]. A[vila]., oriolana y castiza, con todo el fervor que
le profesa este loco cantor”. En
diciembre de 1935 nace el primogénito del matrimonio, José Antonio, “Antoñín”.
La dicha de este “dulce fruto” la recogió Carlos en su poema "Primer
hijo". Un par de semanas después sucede la tragedia de la muerte de Ramón
Sijé, novio de su hermana Josefina Fenoll.
Desaparecidos
Sijé y su revista El Gallo Crisis,
Fenoll y Poveda, ayudados por Alfredo Serna, Ramón Pérez Álvarez y Justino
Marín -hermano menor de Pepito-, intentarán revivir el dinámico ambiente
literario oriolano de unos años atrás. Así surge el pliego de poesía Silbo, que entre mayo y junio de 1936
publicó dos números con colaboraciones literarias, entre otros, de Juan Ramón
Jiménez, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Pablo Neruda y Carmen Conde, e
ilustraciones de la pintora Maruja Mallo. Miguel Hernández que hacía vida
estable en Madrid -acababa de publicar El
rayo que no cesa- hizo valer sus amistades madrileñas para conseguir que
los silbadores de Orihuela
emprendieran una aventura literaria de altos vuelos, que conjugaba los mejores
nombres, ya consagrados, de la poesía española, con las firmas de los jóvenes
oriolanos. Anejo al número dos de la revista, Ediciones Silbo publicó un
librito con Poemas de Jesús Poveda,
Justino Marín y Carlos Fenoll. Para este último, la experiencia de Silbo fue el comienzo de una nueva etapa
en su poesía, más personal y valiosa. Por desgracia la guerra civil hizo
inviable la continuidad de la empresa apenas comenzada.
En noviembre
de 1936 Fenoll y Poveda se alistan como voluntarios en el Batallón de Milicias
Republicanas y parten para Madrid. En el local de la Alianza de Intelectuales
Antifascistas conocen a Rafael Alberti, a María Teresa León y a otros
intelectuales. El 9 de marzo de 1937 se halla Carlos en Orihuela y firma como
testigo en la boda civil de Miguel Hernández y Josefina Manresa. Después volvió
al frente castellano. Su hermana Josefina y Jesús Poveda, que habían emprendido
noviazgo un año antes, también se casaron ese año.
En una
entrevista concedida poco antes de su muerte afirmó Fenoll: “En la guerra no
cogí un fusil. Trabajé en mi oficio, haciendo pan para las tropas de la República”. En todo
caso, tras la contienda vivió un tiempo en un resguardo prudente, hasta que la
situación se volvió segura para su persona.
Pero ya el
mundo literario y humano que Carlos había vivido en su juventud, estaba en
trance de disolución permanente, mezclado en desdicha. A la muerte de Sijé y a
la inmediata guerra civil, siguió el exilio americano de sus hermanas Carmen y
Josefina -y de las familias de estas, Poveda entre ellos-, sucedió después la
muerte de Miguel Hernández, en 1942; y, en ese mismo año, la muerte de la madre
de Carlos (lo que trajo problemas familiares en el reparto de la herencia) y,
por último, en 1946, la muerte prematura de Justino Marín Gutiérrez. Fueron hechos que
convivieron con el nacimiento de sus hijos Carlos, en 1941, y Vicente Luis, en
1947.
Poco o nada
quedaba ya de las vivencias e ilusiones juveniles El poeta vitalista y alegre
se fue convirtiendo a la fuerza en un hombre ganado por el desencanto y el
pesimismo, y su alma encadenada
comenzó a transitar los caminos tenebrosos de la autodestrucción en momentos
repetidos (que él llamó la hora maldita)
de amargura incurable:
Esta es, aquí
está la hora maldita:
no es la piel de la
noche tan oscura
ni la angustia mortal
tan infinita.
Alma, rasga tu noble
vestidura,
que es la hora que a
mí me precipita
a un infierno de
alcohol y de locura.
(“La
hora maldita”, 1943)
Acaso queriendo
esquivar el tormento estéril de un pasado irrecuperable, se deshizo para
siempre de los papeles -cartas y poemas- que lo unían al desventurado Miguel y
a un tiempo de sueños inalcanzados. Y ni así consiguió aligerar la carga abrumadora
de lo que pudo ser y no fue. Tuvo también momentos gozosos, de grandes anhelos
e ilusiones, en los que quiso comenzar de nuevo. En 1944 confesaba: a Vicente
Ramos:
mi alma está
en luz, y ve la gloria de una maravillosa resurrección: todo lo que antes veía
muerto para mí -y era hasta lo más hermoso-, ahora resplandece, me sonríe y me
llama. Y yo voy, gozoso, irresistiblemente, hacia todas las bellas cosas
eternas, con la admiración y el entusiasmo invencibles de los que vuelven del
infierno.
Pero ese reflorecer no llegaba nunca y el
desaliento aparecía de nuevo una y otra vez, traído por unas ataduras
materiales demasiado fuertes.
En medio de
una situación personal y económica agobiante, en 1947, cuando ya el negocio de
la panadería había pasado a su hermano Efrén, marchó para siempre a Barcelona,
con toda la familia. Vendió la casa y los muebles. “De esta forma es como no se
regresa”, comentó a su amigo Manuel Molina. En Barcelona nacería su cuarto
hijo, Julián, en 1951.
Conocía bien
la ciudad, pues allí había cumplido el servicio militar. En la calle de la Aurora, (en el Raval)
vivió, hasta su muerte, de su trabajo de panadero para el Ejército, con el
ansia siempre, en dedicación exclusiva, de sacar adelante a los suyos.
Entregado a las
preocupaciones cotidianas, se le fue haciendo cada vez más difícil y lejana la
escritura. "Estoy seco, vacío, hasta la angustia", escribía a Vicente
Ramos en 1952. Amigos escritores e intelectuales como el propio Ramos, Joaquín
Ezcurra, o Francisco Martínez Marín, entre otros, quisieron rescatarlo de la
abulia que parecía atenazarlo, y le pedían colaboraciones esporádicas para
diferentes publicaciones; pero él daba respuesta con dificultad, aparentemente
enmarañado en una pereza que sus amigos le reconocían como casi congénita. Pero
quizá no se tratara exactamente de eso. Ciertamente, obraban en contra las diarias
fatigas materiales, que encadenaban su canto y no propiciaban los intereses
estéticos y las ensoñaciones. Lo había expresado ya en 1946 en su más conocido
poema, "El canto encadenado":
Cuántas
constelaciones de claras hermosuras
rodando
por mi mente, sin posible destino.
Jamás
podré crearlas con tantas ligaduras
que
me anilla en el alma mi trabajo asesino.
Pero también
la causa de su renuncia literaria podría tener nombre de desesperación: un
desánimo de ida y vuelta que nunca logró conjurar, acaso por la conciencia
insoportable de reconocerse inferior a sus aspiraciones. Ya en la carta citada
de 1952 dejaba escrito:
Yo -me digo-
estoy muerto, más muerto que Miguel. Él vive en su obra, y yo tengo el funesto
presentimiento de que no realizaré ya ninguna.
Y en 1966
justificaba su silencio a Vicente Ramos:
No he hecho
literalmente nada que valga la pena. No pude hacer más, es decir, mejor bien a
la poesía, por la poesía, que no insistir en escribirla.
Buscando
ingresos con que mantener la menguada economía familiar pudo añadir por un
tiempo a su trabajo de panadero el de corrector de pruebas en la editorial
Aymá. Incluso sabemos que quiso buscar el éxito literario de algún premio de
novela que le redimiera de su situación. Pero sin resultado.
Pudo haber
sido poeta de juegos florales -talento poético le sobraba para ello-, y
prefirió callar y hasta arrepentirse de lo escrito, confesando que desaprobaba
cuanto había producido y le hubiera gustado hacerlo desaparecer. Hernández le
había dicho tiempo atrás: "Pierde la mitad de valor el verso que se dice y
gana el doble el que se queda en la garganta". Y Carlos se mantuvo fiel a
este dictado, incapaz de poner en letras sus anhelos y de comprender el mundo
tosco que habitaba. "Se me desalienta el amor a la belleza, más cada día,
por hacérseme la belleza cada día más imposible", escribió en 1961 a su amigo Antonio García-Molina.
Fue una relación paradójica la que mantuvo con la poesía: la necesitaba para
elevarse sobre la realidad áspera y ruda que pisaba, para poner oro en su vida
hecha de cobre y hierro. Pero a la vez, la poesía -o su imposibilidad- era una
ofrenda constante a un fracaso destructivo. Esa relación ambigua y tormentosa
-alimentada de ilusión y desengaño-, y el tránsito por las tinieblas de la
creación definen al poeta -con notas de malditismo- que fue Carlos Fenoll.
Ramón Sijé,
había trazado en 1932 un retrato ajustado de Fenoll, sin tener conciencia
exacta, quizá, de hasta qué punto entraba en los secretos del alma del amigo:
Un inquieto
-de vida y horizontes- es este poeta, pariente de Eduardo Poe, gran melancólico
y bella flor de artesanía. Aquí os lo presento, enlutado, rondador y bohemio.
Nunca pudo
Carlos olvidar sus penas más íntimas. Nunca pudo escribir con sosiego. Carlos
Fenoll, Carlicos para sus verdaderos
amigos de siempre, murió en su casa de Barcelona la última noche de 1972, de un
infarto, casi sin enterarse.
Y sin haber
alcanzado la Belleza.
José Antonio Torregrosa Díaz
(Publicación autorizada y enviada por su autor)
lunes, 26 de noviembre de 2012
Vídeo de la presetación del libro "Antología comentada de Carlos Fenoll" en Orihuela
Vídeospalmeral. Alicante
El 23 de novimbre 2012, se presentó en el Auditorio de la Lonja de Orihuela el libro "Antología comentada de Carlos Fenoll", edición de José Luis Zerón, presentado por Ana Mas, concejala de Cultura; Manolo García, profesor, y con asistencia de Vicente-Luis (hijo de Carlos), así como el biógrafo Ramón Fernández Palmeral. Asistió practamente todo el helenco cultural de Orihuela.
domingo, 25 de noviembre de 2012
La Tahona, ha sido incluida en la Ruta de Miguel Hernández
(Aquí tenemos el código de barras por donde se puede acceder a la biografía de Carlos Fenoll con el teléfono móvil)
(Vicente-Luis, tercer hijo de Carlos Fenoll junto a la placa de la Tahona. Foto envida por Vicente-Luis)
viernes, 23 de noviembre de 2012
Texto manucristo de Carlos Fenoll detrás de una fotografía
(Foto y dorso de fotos enviadas por Norma Poveda)
En la fotografía vemos a Ascensión Ávila, a Efrén y a Carlos Fenoll, fumando. Barcelona)
Para alegría de los fenollianos aparecen nuevos manucritos, en esta caso inédito. Seguramente irán aparreciendo más coucmentación.
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