Carlos Fenoll, por Palmeral 2012

sábado, 13 de julio de 2019

José Seiquer Zenón esculpió el Cristo Yacente de Orihuela

La vinculación del escultor José Seiquer Zanóin con Orihuela, es consecuencia de su matrimonio con María Lucas Parra, de conocida familia oriolana, y además por la bellísima imagen que esculpió del Cristo yacente realizada en madera policromada para la procesión que hoy se hace el Sábado Santo, y cuya escultura, que terminó a comienzos del mes de Abril de 1942, recibió el premio Salzillo en enero del año siguiente, concedido por la Diputación Provincial de Murcia, y la que mereció al llegar a Orihuela, el precioso poema publicado en la revista Momento de la Semana Santa, de Carlos Fenoll, dedicado «A Juan Bellod, que sabe ver», y conocida por todos.

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El bodrio del busto de Gabriel Miró en Orihuela


A un busto de bronce de 1932 con la imagen de Gabriel Miró en Orihuela lo han dorado y se ha quedado como nuevo, es como si  repintáramos las esculturas griegas o romanas de bronce o la Venus de Milo.

Ramón Palmeral

El próximo 28 de julio se cumplen los 140 años del nacimiento de Gabriel Miró Ferrer (1879-1930), y recuerdo el bodrio de la remodelación del busto histórico-literario de Gabriel Miró que inauguraron en Orihuela el domingo 5 de noviembre de 2017, por las autoridades municipales. Los trabajos los llevó a cabo la restauradora oriolana Maite Gilabert, por encargo de dicho Ayuntamiento (Diario Información, 6-11-201). Las obras antiguas son así, su belleza radica en los rasgos que deja la pátina por el paso del tiempo. En lugar de limpiar los depósitos calcáreos, detener  la corrosión y la oxidación que tenía en su superficie, van y lo dejan como de bronce dorado (seguramente cobre pulido) acabado de hacer, o sea, que ha perdido 85 años de antigüedad con un lifting de rejuvenecimiento. ¿Acaso no hubo un informe del arqueólogo oficial? ¡Increíble pero cierto!
Las restauraciones del Patrimonio en una localidad  se deben someter a la legislación vigente Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, y si no fuera así, o con los principios estéticos y los razonamientos más simples y elementales, y me estoy refiriendo al bodrio que han hecho en Orihuela con la restauración o remodelación del busto histórico de Gabriel Miró  del escultor  murciano de Librilla José Seiquer Zanón (1902- ¿? ) en bronce  inaugurado el 2 de octubre de 1932 sobre pedestal en arenisca de Adolfo Pérez León. Que ganó un concurso público. Es decir, que no estamos hablando de un busto cualquiera de los que se pueden ver en algunas ciudades de autores anónimos, sino un busto que pertenece al  Patrimonio Histórico y Literario de Orihuela. Ahora hemos pasado de un busto de bronce original y antiguo, a un busto dorado, efectista, nuevo, no sé con qué materiales está recubierto, ha queda como recién fraguado, ya no es la obra de Seiquer.  Es como si al Oriol (pájaro oropéndola) que corona el Estandarte de la ciudad, le dan una mano de oropel.  A nadie se le ocurría repintar las esculturas griegas o romanas, los bronces de Bernini o el David de Miguel Ángel, o recubrir el mármol de la Venus de Milo con una pátina dorada, o le tapáramos los descubiertos senos con un bikini.
Lo que sucede es que  los asesores de esta restauración son políticos y no tienen ni idea artística de restauración y cometen estos bodrios. Por ejemplo, en arquitectura, cuando se restaura una vieja muralla se dejan a la vista las piedras antiguas, diferentes del repellado de lo nuevo, para que se diferencien las dos obras.  Esto es lo mismo que hicieron con el teatro romano de Sagunto, aprovechar un antiguo teatro romano para hacer uno nuevo del siglo XX. En definitivas, que lo que se han hecho en la restauración o remodelación del antiguo busto de Gabriel Miró es un bodrio escandaloso. ¡Aquí y en Pekín!, y ya no tiene solución. Una cosa es limpiar y reparar y otra restaurar para dejarlo nuevo, como si el tiempo no hubiera pasado por él. El peligro es que cualquier día le dan una mano de dorado al  Oriol de plata que desde el  siglo XVIII corona el Estandarte de Orihuela.
¡Qué dirían Seiquer, Ramón Sijé, Augusto Pescador, José Martínez Arenas,  Miguel Hernández, Francisco Pina, Carlos Fenoll, Jesús Poveda... si levantaran la cabeza!

Relación de Gabriel Miró con Orihuela

Gabriel Miró  era hijo de la oriola­na María Encarnación Ferrer Ons (1851-1931), fue colegial en Orihuela desde los 7 años de edad, que ingresa como alumno in­terno en el Colegio Santo Do­mingo de Orihuela, regentado entonces por la Compañía de Jesús, en el que permanece des­de el año 1887 al año 1892. La estampa: “El señor Cuenca y su sucesor”, escrita en 1908, y publicado en el libro “Libro de Sigüenza” de 1917,  sitúa el relato en los años de internado de Miró en el Colegio citado.  Es au­tor de una gran novela, dividida en dos tomos por exigencias del editor: Nuestro Padre San Daniel  (Novela de capellanes y devotos), 1921, y El Obispo Leproso, 1926, que se ambientan en Oleza del río Segral,  que, no es otra, que  la clerical Orihuela del río Segura, sede obispal en siglo XIX. La influencia estética de Miró en los jóvenes oriolano como Balaguer, Sijé y Hernández, es manifiesta, por ello organizaron la inauguración del busto y el cuaderno “El clamor de la verdad” y otros actos y lecturas.  

Homenaje a Gabriel Miró en Orihuela en 1932

El 22 de julio de 1931 se levantó acta para componer el comité ejecutivo del homenaje a Gabriel Miró, integrado por José María Ballesteros Meseguer, Ramón Sijé, Augusto Pescador, y Miguel Hernández (que no estaba en la primera comisión, sino que se unió después) y otros intelectuales oriolanos, y al efecto, se convocó un concurso público entre escultores levantinos para realizar un busto que recayó en 1932 en el escultor murciano de Librilla José Seiquer Zanón, vinculado a Orihuela por estar casado con María Lucas Parra, de conocida familia oriolana.
    Para la inauguración del busto, acordado para el 2 de octubre de 1932 en la Glorieta de Gabriel Miró se invitó como orador al periodista Marcelino Domingo Sanjuán, pero por imposibilidad de su asistencia, se invitó en su lugar al falangista Ernesto Giménez Caballero, amigo de Ramón Sijé, que se presentó con la casina falangista azul Mahón,  en cuyo acto hubo una polémica o encontronazo con el poeta Antonio Oliver, el marido de Carmen Conde, que había venido desde Cartagena con un grupo de amigos donde estaba la bella poeta de La Unión,  María Cegarra Salcedo, de la que Miguel Hernández se quedó prendado, y a la que le escribió varias cartas y también le dedicó el primer soneto de “El rayo que  no cesa”. Cartas a las que ella no respondió, pero esto es otra historia. Para esta celebración se publicó un cuaderno: “El clamor de la verdad” con el subtítulo: “Cuaderno de Oleza consagrado a Gabriel Miró”. Donde colaboraron los más destacados poetas oriolanos y cartageneros, en cuya portaba aparece un retrato de Gabriel Miró y en su interior una fotografía con el busto realizado por José Seiquer Zanón.
Posteriormente, Ramón Sijé, publica un artículo titulado: "Oleza pasional natividad estética de Gabriel Miró", en el semanal la Republica de Cartagena, 18 al 27 de octubre de 1932, de una conferencia dada en la Universidad Popular de Cartagena. En revista “El Gallo Crisis” número I el Corpus de 1934, en el primer artículo: “Cuerpo de Cristo, bocado de cardenal” se recoge una cita de Gabriel Miró de la estampa “Campos de Tarragona” en el “Libro de Sigüenza”, y un artículo titulado: “Oleza pasional natividad estética de Gabriel Miró”, en el semanal la “Republica” de Cartagena, 18 al 27 de octubre de 1932. 

Datos biográficos del escultor José Seiquer Zanón

Gracias a las investigaciones de Julio Calvet Botella autor de "Ramón Sije (Semblanza)", 2008, sabemos que José Seiquer Zanón fue bautizado en la iglesia parroquial de San Bartolomé de Librilla, provincia de Murcia, el 14 de septiembre de 1902 y le pusieron  por nombre José María Juan de la Cruz Bartolomé, hijo legítimo de  Tomás Seiquer Pérez, médico cirujano titular de Librilla y de Dª Elvira Zanón Mira, nacio José  el 8 del mismo mes y año.
A la edad de dos años, la familia se traslada a Murcia. Ya mozo y guiado por los consejos de su padre, que además de médico, era un pintor aficionado y muy amante de las Bellas Artes, decidió  José  dedicarse al estudio de la escultura, para lo que marcha a Valencia, ingresando en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos, cursando los estudios de su especialidad y obteniendo además el título de profesor de dibujo. Fueron sus maestros entre otros el escultor valenciano Mariano Benlliure. En 1930, marchó pensionado por la Diputación Provincial de Murcia, a París. A su regreso fija su residencia en Madrid, aunque más tarde volvió a Murcia. Tras la Guerra Civil, fue designado director de la Escuela de Artes y Oficios de Murcia, obteniendo por oposición la cátedra de Composición decorativa (escultura), en 1946, desempeñando dicha dirección hasta 1970. Desconocemos la fecha de su fallecimiento.
La  vinculación de Seiquer con Orihuela, es consecuencia de su matrimonio con María Lucas Parra. En un taller de Murcia talló el Cristo Yacente realizada en madera policromada que se halla en la Catedral de Orihuela, obra  que recibió el premio Salzillo en enero de 1942, concedido por la Diputación Provincial de Murcia. Al llegar la sagrada imagen a Orihuela en la Semana Santa de ese mismo año (entre marzo y abril), el poeta «olezitano» Carlos Fenoll compuso un bellísimo y espiritual poema que se publicó en la revista Momento de la Semana Santa, dedicado a Juan Bellod Salmerón,  del que se destacaría la estrofa:
           ¡Y esa mano, y esa mano que muerta,
           mas no del todo fría,
           levemente entreabierta bendice todavía!


La desafortunada restauración del busto dorado de Gabriel Miró 

 Que sea legítimo restaurar el busto de Gabriel Miró de 1932 no quiere decir que sea estético y legal de acuerdo a los principios generales de la restauración de acuerdo a  Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español que en el artículo 39.3 dice:
 «Las restauraciones de los bienes a que se refiere el presente artículo respetarán las aportaciones de todas las épocas existentes. La eliminación de alguna de ellas sólo se autorizará con carácter excepcional y siempre que los elementos que traten de suprimirse supongan una evidente degradación del bien y su eliminación fuere necesaria para permitir una mejor interpretación histórica del mismo. Las partes suprimidas quedarán debidamente documentadas».
Pienso, sinceramente, como oriolano de corazón que, el busto de Gabriel Miró, realizado por el escultor Seiquer, en 1932,  era una obra patrimonial histórico-literario tan digna y relevante como el propio Oriol del Estandarte de Orihuela, que lamentablemente se ha perdido, y que, considero que se debió limpiar y conservar en lugar destacado del Ayuntamiento para preservarlo de su deterioro y haberlo sustituido por una copia, obra menor que es lo que han hecho actualmente.



martes, 26 de marzo de 2019

Ramón Palmeral Socio de Honor como escritor de Espejo de Alicante, y cuatro más

  (De izquierda a derecha). La soprano Jovita Gómez Couto, la ceramista Vicenta Pla, el escritor Ramón Palmeral, el pintor José María de la Cueva y la pintora Elvira Clemot. Nuevos socios de honor.

                                                                Salón de actos de Vissium

 25 de marzo de 2019

SOCIOS DE HONOR 2018
D. Ramón Palmeral, como escritor;
Dª Vicenta Pla, como escultora;
Dª Jovita Gómez Couto, en música,
Dª Elvira Clemot, como pintora.
D. José María de la Cueva, como pintor

lunes, 24 de diciembre de 2018

Portal del Centenario de Vicente Ramos, amigo de Carlos Fenoll


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    Carlos Fenoll entre Manuel Molina (izquierda) y Vicente Ramos a su derecha (Orihuela 1946)

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(Artículo de Vicente Ramos sobre Carlos Fenoll, para La Lucerna, dirigida por José Luis Zerón)

Me pides, querido José Luis [Zerón], con letras apremiantes un artículo sobre Carlos Fenoll para el número 41 de La Lucerna, y como tu urgencia es máxima, suma va a ser también mi brevedad.
He dicho muchas veces y ahora repito con compla­cencia que mi conocimiento personal de Miguel Hernández, Carlos Fenoll y Adolfo Lizón lo debo a Manuel Molina: a Miguel y a Adolfo, en plena guerra civil 1936-1939; a Carlos, en el amanecer de la paz, cuando Manuel Molina, Francisco García Sempere, Rafael Azuar y yo nos dispo­níamos -enero de 1940- a sacar Arte Joven, la primera revista literaria de la España de aquel entonces.
Tres años más tarde -enero de 1943-, Molina y yo iniciamos la publicación de las hojas Intimidad Poética, en cuyo número de abril colaboró Fenoll con su poema La hora maldita.
En la Semana Santa del año siguiente, pasé , con Molina y Fenoll, un día en Orihuela, consagrando horas inolvidables a conversar con Gabriel Sijé, que me hizo llegar, tiempo más tarde , La estancia silenciosa, página estremecedora dedicada a su hermana y que dimos a conocer en nuestra revista Verbo (octubre-noviembre de 1946).
Poco después de la citada visita, me escribió Carlos, incorporado a la humildísima empresa de Intimidad Poé­tica, para decirme -11 de abril de 1944-, entre otras cosas:
"Verás cómo he hecho la distribución de los pocos ejemplares que quedaron en mi poder (alude al número de marzo): A mi hermano (que yo creí que se lo habíais dejado vosotros), uno, con su correspondiente boletín- que no sé si me lo entregará a mí con la cantidad que haya puesto en él o si te lo enviará a tí directamente. Uno, acompañado de diez o doce boletines, a Antonio García. Este muchacho es el que estudia en Murcia y quedó en hacer lo posible por suscribir a varios amigos de allí. Dos que he tenido que vender a unos muchachos curiosos. Claro que yo les he dicho que lo interesante es que se suscriban, y ellos me han prometido hacerlo si les gusta ese número -y les ha de gustar-; al efecto, les he entregado un boletín a cada uno. A la librería he llevado dos números -los queme quedaban- . Al dueño -que, por cierto, es un buen aficionado a la literatura- le ha parecido la revista excelente de presen­tación, de contenido y de precio. De precio, barata. Lo es, indiscutiblemente, a peseta. Lo que no le ha parecido bien es que le haya llevado dos números solamente. He quedado con él en que si os quedan ejemplares le traeré veinte, treinta, mil: un puñao, en fin. Así que ya sabes, si os quedan disponibles, mándame, y puedes enviarme tam­bién los libritos que quieras de la colección Leila.
En mi poder, dos pesetas. Las uniré después al total de venta de la librería. Espero, naturalmente, que la siembra arraigue bien por estos terrenos y no tardes a recibir bastantes boletines más o menos expresivos en pesetas.
En la primera carta que te escriba te mandaré un trabajo de Gabriel Sijé y un poema mío."
(El poema es El canto encadenado, aperecido en Intimidad Poética en su número de abril-mayo de aquel 1944, y que reproduzco, habida cuenta de su carácter definitorio:
"Cuántas constelaciones de claras hermosuras rodando por mi mente sin posible destino jamás podré crearlas con tantas ligaduras que me anilla en el alma mi trabajo asesino.
Me hace trocar el oro del cielo por el cobre del mundo material; me amarga y desespera cuando, duro y brutal, me hace dos veces pobre, robándome el ensueño, la luz, la primavera.
Nada puedo contra él: dos niños corazones -arroyuelos que cantan la misma sangre mía- y el amor a mi esposa son las grandes razones que estrangulan mi grito de ansiada rebeldía.
Deseando la paz, quiero aplacar mis sueños, borrarlos, como borra la aurora las estrellas, pero, igual que la espuma, son vanos mis empeños: germinan sin descanso, renacen como ellas.
Cantaré entre herramientas de fatiga y quebranto, ya que un fuego inmortal, divino, me lo ordena. Pero siempre habrá un dejo de amargura en mi canto mientras llore mi alma su pesada cadena."
Fechada el 6 de mayo del mismo año, me llega otra carta de Carlos:
"Gabriel Sijé, desde pocos días después de estar vosotros en ésta, se encuentra delicado, y yo no te he escrito hasta ahora esperando su trabajito inútilmente.
Recibí el paquetito con los ejemplares de Intimidad y de la colección Leila, e inmediatamente los llevé a la librería. Hasta la fecha se han vendido cuatro o cinco ejemplares. Los que queden ala semana que viene pienso mandártelos con las pesetas que se hayan recogido, si a ti te parece bien, y si quieres que los deje me lo dices. Como es natural a mí me hubiese gustado enormemente que se hubiesen vendido todos y que cuantos tienen boletines respondieran ampliamente, pero estas cosas de la litera­tura son desgraciadamente así.
Te adjunto un poemita mío."
Justino Marín Gutiérrez (Gabriel Sijé) falleció en Orihuela el 20 de junio de 1946. El 25 publiqué en el diario "Información" mi Ofrenda a Gabriel Sijé, y, el 11 de di­ciembre, me escribió Carlos:
"Ante todo , gracias perfumadas del alma femenina, cuya blanca y misteriosa poseedora es la hermana de Sijé, también hermana del Silencio, de la Soledad y de la Luna, y manantiales de gracias de mí por el simpático lo antes posible de tu contestación a nuestra demanda de las señas de Carmen Conde. Le he escrito a la dirección de Vicente Aleixandre, según me dice, siguiendo tu indicación.
Y otra vez gracias de mí por tu sincera complacencia ante la venda caída , o prisma diabólico de mis ojos morales.
    Tu alma en luz. Esta breve y certera frase tuya refiriéndote a mi nueva situación moral se me ha clavado en la memoria como una flecha de oro, y me la repito no sé cuántas veces al día, porque, en efecto, mi alma está en luz, y ve la gloria de una maravillosa resurrección: todo lo que antes creía muerto para mí -y era hasta lo más hermo­so-, ahora resplandece, me sonríe y me llama. Y yo voy, gozoso, irresistiblemente, hacia todas las bellas cosas eter­nas, con la admiración y el entusiasmo invencibles de los que vuelven del infierno."
En agosto de 1947, Carlos traslada su domicilio a Barcelona, y, para que no se produzca un posible retorno, toma una drástica medida: "He quemado las naves -confiesa a Molina el 23 de julio-: he vendido la casa y los muebles. De esta forma es como no se regresa."
Pero la relación epistolar sigue y de vez en cuando nos regala su colaboración literaria. Así, verbigracia, su presencia en el homenaje a Gabriel Miró con el poema Recordando a Gabriel Miró en el XIX Aniversario de su muerte ("Ifach. Anejo liteario del Instituto Social Obrero". Alicante, mayo-junio de 1949).
Con ocasión de enviarle nuestra edición -1951- de Seis poemas inéditos y nueve más , de Miguel Hernández, muéstrase Carlos dolorido por la actitud adoptada respec­to a la creación poética: "Me alegra -nos dice el 28 de agosto de dicho año- poder guardar ahora estas cosas de Miguel, que he tenido tantas veces y otras tantas las he perdido por mi incurable dejadez (...) Algo terrible, que yo, menos que nadie, me perdono.
No tengo por menos que admirar vuestra labor en Alicante, vuestro espíritu activo. Me dais envidia y me hacéis sentir íntimamente la vergüenza de mi casi de­serción y mi total pérdida de tiempo.
Propósito de enmienda: volveré a empezar maña­na... ¿Pero yo tengo enmienda?"
Quisimos que Carlos Fenoll trazara un epílogo -era el más indicado para ello- a este libro, en el que Manuel Molina, Miguel Abad Miró, Ricardo Fuente y yo pusimos todo nuestro entusiasmo. No lo conseguimos. Pero algunos meses más tarde -el 26 de febrero de 1952-, al recibir mi Honda llamada, me reveló la causa de su silencio. He perdido el tiempo: después de varias tentativas, he re­nunciado por completo. No puedo hacerlo. No me sale lo que quiero. No le encuentro interés a lo que escribo. Estoy seco vacío, hasta la angustia. Yo -me digo- estoy muerto, más muerto que Miguel. El vive en su obra, y yo tengo el funesto presentimiento de que no realizare ya
ninguna.                                               ,
Perdóname, mejor, compadéceme con toda tu alma Vicente... Mi vida ha sido bien estúpida y ahora cosecho el fruto- un remordimiento casi constante pos casi todos mis actos, con el amargo sabor de saber que soy impotente para superar este estado de alma. Esto es lo que debe sentir el que , por pereza, una pasión viciosa u otras causas tiene conciencia de que no ha cumplido con su deber En fin , creo que cometo un abuso contándote desagradables motivos de mi ruina moral. Otra vez te pido perdón."
Mi Literatura Alicantina (1839-1939), primer pre­mio "Azorín" de la Diputación de Alicante, (Barcelona, Alfaguara, 1966), llevó hasta su mundo interior una sa­ludable ráfaga de alegría, y a este sentimiento responde su carta del 7 de abril de dicho 1966: "Y gracias muy íntimas , por tu precioso regalo, tu libro precioso; por la dedicatoria^ escrita con espíritu y verdad -con el viejo y fraternal abrazo- y por el generoso espacio que me dedicas en las páginas de tu obra. Generoso espacio y generosas palabras que han sugerido a mi mujer esta ingenua re­flexión: "¿Ves? Este chico te ha hecho inmortal, y sin hacer tú nada." En efecto, restando el impulso espiritual , de gran valor sin duda, no he hecho literalmente nada que valga la pena. No pude hacer más, es decir, mejor bien a la poesía, por la poesía, que no insistir en escribirla".
Una vez más engañábase Carlos, pues, como le pedí en mi respuesta (7 de mayo): "dile a tu mujer que la inmortalidad de tu nombre te la has ganado con todo merecimiento, porque sí has hecho por la poesía , y lo has hecho muy bien."
Carlos Penoll Felices, que nació en Orihuela el 7 de agosto de 1912, falleció en Barcelona el 31 de diciembre de 1972.
Haciendo memoria de su alta calidad humana y
lírica, escribí:
"Hay algo en Orihuela que jamás comprenderemos. Así nos ocurre también con sus hijos, ardidos en un fuego inconcebible. Ramón, Miguel, Gabriel, tú... .unidos ya en lo eterno. Y fuiste tú, Carlos, quien impulsaste esa trilogía solar que te ha precedido en la muerte. A ellos ofreciste el corazón, horno encendido al máximo de generosidades. Y tú fuiste la llama que mantuvo aquel singularísimo lar, y lo hiciste con tan suprema elegancia que muy pocos re­pararon lo suficiente en la grandeza de tu luz. Los más casi te desconocieron, casi te olvidaron, al saberte lejos, mientras tu ciudad, tu Orihuelica, seguía año tras año ahogándose en perfumes y en indiferencias...
Tu impulso espiritual se trocó en semilla fecunda. Y ha de llegar el día en que toda Oleza sea un bosque de llamas, consagrado a vosotros, los que esculpisteis su nombre en páginas inmortales; los que, por ella, habéis gozado de todos los júbilos de un pueblo en resurrección y, de igual modo, sufrido esa larga noche de los agonizantes (...) ya has partido, Carlos Fenoll; ya estás de nuevo con tus compañeros del alma. Aquí has dejado tu voz, tu palabra inmortal, la huella de tu penada vida, el amor que sembraste en tus amigos que jamás te olvidaremos. Des­cansa en paz."
Y para ti, José Luis, que alzas su nombre tan que­rido, mi abrazo de gratitud.

(Carta de Vicente Ramos)